Yo creo que Ramirez es maricón

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El mundo del trabajo es caldo de cultivo para los más sabrosos cotilleos. Intentar averiguar con quién se acuestan las personas con las que trabajamos suele ser el deporte nacional de la hora de la comida. Sobre todo si sus prácticas sexuales no siguen la norma heteropatriarcal.

Sara Álvarez Pérez.— ¿Le aburre su trabajo? ¿Por las mañanas siente frustración por tener que volver a ver las caras aburridas y somnolientas de las personas con quienes trabaja? No se preocupe: en Ágora Alcorcón 15-M tenemos la solución.

Simplemente busque a una persona de su entorno laboral cuyos comportamientos o actitudes se salgan de la norma, esto es, alguien que evite fanfarronear de su vida privada en público, sobre todo si no se comporta como un machote o una femme fatale. Cuando ya tenga bien localizada a su víctima, acérquese a ella con pretendidas intenciones de entablar una amistad, siempre dejando bien claro ante los demás que lo hace para obtener información y tenerlos entretenidos a la hora de la comida, en la cual su víctima, por supuesto, nunca los acompaña.

Una vez que se haya ganado la confianza de su víctima, despliegue sus mejores dotes de hipócrita para iniciar el doble juego: mientras observa cual entomólogo sus actitudes e intenta sonsacarle información, dé cumplida cuenta de todo lo que su víctima le relate (o de lo que usted pueda inventarse, ¡la imaginación es libre!) al resto de sus compañeros. Gracias a esto, podrán disfrutar de una entretenida conversación que puede que se extienda hasta la hora del café.

Además, obsérvela fuera del horario laboral: cualquier encuentro casual con su víctima en un restaurante puede ser objeto de horas y horas de conversación con sus colegas en el trabajo. No desaproveche la más mínima oportunidad de obtener algún suculento dato y, por supuesto, no deje de usar las nuevas tecnologías para llevar a cabo su acoso: seguro que si pone su nombre en Google encuentra que alguna vez firmó una petición contra la homofobia o tiene una bandera del orgullo gay en su foto de perfil de Facebook. Ni que decir tiene que ninguna de estas dos cosas deberían ser motivo de escarnio a la hora de su burocrático café, y además hay muchas posibilidades de que su víctima se llame igual que cualquier otro español pero, ¡qué demonios! Hablar es gratis. Todavía.

Cuando la víctima confiese su homosexualidad, el proceso llegará a su punto culminante: usted podrá enarbolar ante toda la oficina la bandera del «te lo dije», indefectiblemente acompañada de una mirada condescendiente y un codazo cómplice a su coleguita de turno. A su víctima probablemente se la sude lo que usted diga y piense que usted es un gilipollas integral, pero en una democracia tan asentada como la nuestra lo que cuentan son las mayorías, y seguro que en su oficina el número de personas dispuestas a colaborar con usted es muy superior al número de homosexuales. Los cotillas laborales siempre ganan la partida.

El Ministerio de Empleo y Seguridad Social llevó a cabo recientemente un estudio que demuestra que el cotilleo laboral activa la producción de ciertas hormonas gracias a las cuales la clase oficinista española es capaz de llevar a cabo su tedioso trabajo sin querer pegarse un tiro cada mañana. Desde Ágora Alcorcón 15-M exigimos a dicho ministerio que abone una prima a estos esforzados conciudadanos, ya que gracias al cotilleo laboral la tasa de productividad de este país aumenta de manera inversamente proporcional a la tasa de suicidios.

Señora Fátima Báñez, no desaproveche nuestros consejos. Ágora Alcorcón 15-M: una publicación gratuita y de calidad al servicio de la ciudadanía y sus gobernantes.

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