Unilateralidad o status quo

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Joan Teran.- Militante de Endavant (OSAN) i de la Candidatura d’Unitat Popular

En este artículo no encontrareis nada que pretenda vincular la reivindicación independentista con algo parecido a ningún tipo de complejo de superioridad para con otros pueblos del estado ni del mundo. No defiendo la opción independentista porqué crea que el pueblo catalán tiene derechos por encima de otros; lo hago porque tenemos el derecho a decidir por nosotros mismos nuestro futuro, igual que todos los demás pueblos del mundo.

Tampoco encontrareis ninguna evocación del “España nos roba” o de la “España subsidiada” que nos avergüenza a muchas catalanas. A nosotras, como a la gente de Alcorcón, de Rota o de Lemoiz, quienes nos roban son unas minorías depredadoras que esconden sus ilegítimos intereses de clase bajo banderas y discursos de odio y de confrontación entre pueblos y trabajadoras. Son estas clases dominantes las que estan subsidiadas forzosamente por nosostras, las trabajadoras de los pueblos del Estado español para defender un proyecto económico, ecológico y militar – el capitalista patriarcal – al que debemos enfrentarnos juntas.

Durante los últimos años hemos visto entrar en crisis el Régimen del 78. Una crisis económica, social y democrática que también ha tenido su reflejo en las instituciones. En los Países Catalanes, y sobretodo en Cataluña, esta crisis también es una crisis nacional. Porque el régimen que ahora intenta refundarse continua negando el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Nos niega el derecho a decidir si queremos ser una república independiente, y nos niega, igual que pretenden hacerlo nuestras clases dominantes, el derecho a decidir cómo queremos organizar nuestra economía, nuestro territorio y nuestras instituciones.

Una reivindicación, la del derecho a decidir, que viene de abajo, de un movimiento popular surgido de la protesta ante los sucesivos recortes de un Estatuto de Autonomía aprovado en 2006 en referéndum y convertido en cenizas políticas producto de la estrategia de acoso y derribo llevada a cabo por unos aparatos del estado al servicio de PP y PSOE. Fue esta cerrazón de estado la que convirtió una reivinidación autonomista (que la izquierda independentista rechazaba) en un movimiento popular que organizó 555 consultas populares, forzó una consulta en la que participaron más de dos millones de personas y que ha convocado manifestaciones masivas año tras año.

Hoy, después de unas elecciones que el 27S dieron una mayoría absoluta independentista en el parlamento catalán, con un 47,8% de votos independentistas y con un 56,74% de los sufragios en favor de un “proceso constituyente no subordinado” según el programa de CSQEP; y también ante unos resultados del 20D, que parecen dar pie a la articulación de nuevas mayorías en el estado contrarias al derecho a la autodeterminación, sólo nos queda la vía unilateral para avanzar en la construcción de una nueva república catalana. No renunciamos a un referéndum que no nos dejan hacer, pero tampoco podemos renunciar a la vía unilateral porqué no hacerlo significaría apostar por el status quo.

Soluciones excepcionales para un momento excepcional: ante la negación del derecho a decidir, ante el ahogo financiero de la autonomía, ante la dictadura de la deuda impuesta por la Unión Europea y seguida a pies juntillas por los sucesivos gobernantes estatales y autonómicos, sólo queda el camino de la unilateralidad. A riesgo de equivocarnos, creemos honestamente que esta es la mejor aportación que podemos hacer en la lucha que tenemos en común con los pueblos trabajadores de todo el estado. En ello estamos.

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