Tragedia en el Madrid Arena. ¿Accidente o norma?

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Fran G.— Se ha publicado en prensa que las irresponsabilidades cometidas por parte de la empresa “DivierTT” en la organización de la fiesta “Thriller Music Park”, que costaron la vida a cinco jóvenes, no fueron eventuales sino “marca de la casa”. En realidad nada de lo que rodea esta tragedia es eventual ni un accidente.

Habitual,  es lo que caracteriza el mundo en que vivimos. Se contrata un macro concierto en un pabellón que según informes del Ayuntamiento no está habilitado para este tipo de eventos. El organizador, un empresario que adeuda cientos de miles de euros a la Seguridad Social, a Hacienda y a Madrid Espacios y Congresos,  consigue pese a ello la licencia por medio de un subterfugio con una empresa municipal, que le facilita su relación de amistad con un político del Ayuntamiento. Se le cobra para un evento de 5.000 personas, pero se venden casi el doble de las 9.500 entradas que permite el aforo. Para ahorrar gastos, en lugar de obligarle a hacerse cargo de los costes de Seguriber,  la empresa de seguridad que habitualmente presta servicio en el recinto, se le permite contratar  personal  de “Kontrol 34”. Esta empresa carece de la licencia adecuada y está  dirigida por un neonazi del Frente Atlético, condenado por agresiones racistas, que paga 6 euros la hora a empleados no cualificados para ese trabajo y  que, obviamente, no conocen las instalaciones del pabellón. La ley del máximo beneficio rige por encima de todo, incluso de la vida de la gente.

Al público se le presenta una realidad muy distinta: alcohol, consumo, fiesta, diversión. Se le oculta que su vida está en manos de desaprensivos para los que solo importan las personas en tanto sirvan para incrementar sus beneficios. Cada día esta mecánica del sistema acaba con la vida de miles de personas. Poner los beneficios por encima de todo cuesta vidas. Poner la seguridad en manos de delincuentes cuesta vidas. Dejar la política en manos de gente que permite y fomenta esto cuesta vidas.

Según información que ha llegado a nuestro periódico, la misma noche de la tragedia el coordinador de producción de Madrid Espacios y Congresos, Francisco del Amo, ordenó al personal de seguridad abrir el portón de mercancías y del muelle de cafetería, para permitir la entrada masiva de gente a la planta donde se realizaba el concierto. Esto no solo provocó una inyección de gente en la misma planta durante 3 horas, sino que rompió el plan de evacuación del edificio establecido por Seguriber. El servicio médico era insuficiente puesto que el médico a cargo no supo reaccionar y según fuentes del Samur ni siquiera tenían material de reanimación. Cuando esta bomba de relojería explota se buscan responsables, se habla de negligencia y de consuelo a las familias, se dice incluso que ha sido la voluntad de Dios. Pero Dios no tiene nada que ver con esto, y la serenidad y pasividad de las víctimas sólo hace más grotesca la trágica muerte de esas cuatro jóvenes, que no es consecuencia de otra cosa más que de una forma de organización económica, social, política e ideológica que cuesta vidas.

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