Traficantes de influencias

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Mefis.– Existe una red de traficantes de influencias en Europa (se estima que hay unos 15.000 lobbystas) que determinan las medidas políticas que los estados aplican en sus países. Son cientos de sociedades de relaciones públicas y despachos de abogados, una docena de think-tanks, grupos de presión al servicio de corporaciones trasnacionales, sectores industriales diversos, incluyendo el armamentístico, grupos financieros… cuya misión consiste en asegurarse de que la legislación que elabora y promueve la Unión Europea defienda los intereses de esos poderes corporativos. La sociedad civil (docentes, consumidores, ecologistas, ONGs…) tiene muy poca presencia frente a la prodigalidad de los medios financieros y de la industria.

Estos lobbystas también dominan los medios de comunicación. Aparecen como “expertos independientes” en debates televisivos amparando medidas que benefician a las empresas que representan.

La relación entre lobbystas y política es fluida, y es normal que muchos políticos terminen formando parte de las empresas privadas que, probablemente, les aconsejaron en sus decisiones cuando estaban al frente de las instituciones europeas.

 

CONFICTO DE INTERESES

 

Algunos ejemplos están en Alemania; el ministro de trabajo del SPD Wolfgang Clement, que fue clave en la llamada “flexibilización” del mercado de trabajo potenciando los “minijobs” y el trabajo subcontratado, hoy forma parte de la mayor empresa de subcontratación del país. El ex canciller Gerhard Schröder, bajo cuya dirección se cerró el negocio de los oleoductos bálticos con la compañía rusa Gazprom, es hoy presidente de la compañía resultante: Nord Stream A.G.

 

En Europa; la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea se dedica al fortalecimiento del mercado y la industria, el acceso a materias primas en todo el mundo, el fomento de una economía energéticamente eficiente, el sector espacial y armamentístico, la protección del consumidor, normas alimentarias y medioambientales… También está presente en sectores considerados sensibles, como el químico, alimentario, la sanidad y el automóvil. Por tanto, emite directivas de ámbito europeo. Dos tercios de los grupos no gubernamentales que la asesoran son lobbystas que defienden intereses de las grandes empresas en estos sectores. Según el informe de la organización británica Alter-EU (Alliance for Lobbying Transparency and Ethics Regulation) se han contabilizado 482 consejeros empresariales (60% de los expertos), y sólo hay 11 representantes sindicales (1,3%).

 

Ex empleados de Goldman Sachs aportan dirigentes y gestores en la actual crisis: jefes de gobierno en Italia y Grecia, presidentes del BCE, como Mario Draghi, que fue vicepresidente de Golman Sachs y actualmente es miembro del grupo de los 30, club de élite bancaria internacional de ámbito privado.

 

Entre los lobbies encontramos a empleados de grandes empresas financieras y multinacionales.

Como las entidades bancarias de EEUU, que redactaron la legislación que liberaba las operaciones bancarias causando la crisis financiera. También están presentes representantes del mundo empresarial. Juntos han influido en la liquidación del Estado del Bienestar mediante los recortes y las reformas neoliberales, así como en el Six Pack del sistema de gobernanza económica, aprobado con nocturnidad, alevosía y sin discusión, y que puede sancionar al país que no cumpla con la austeridad obligada. Al igual que decidieron el Pacto de Fiscalidad, cuyo fin es conseguir el déficit cero. El mismo parlamente Europeo ha criticado este privilegio otorgado a las grandes empresas en la toma de decisiones políticas, en detrimento de otros intereses que beneficien al conjunto de la sociedad.

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