TELEMADRID. UN ATRACO PERFECTO

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Cuando Esperanza Aguirre llegó al poder en el otoño de 2003 y nombró director de Telemadrid a Manuel Soriano, que había sido su soguilla durante años desde los tiempos en el Ministerio de Cultura, selló el fatal destino de la emisora pública y de sus trabajadores. Pero fue con los atentados del 11M cuando con el “ha sido ETA” se destapó el frasco de las esencias. Con la llegada de Zapatero a la Moncloa y la inesperada derrota del Partido Popular los chicos de Soriano se volvieron locos. Desde entonces el prestigio, la audiencia y los ingresos por publicidad han caído en picado. Se ha duplicado el número de directivos, se ha contratado con salarios fuera de convenio a amigos y familiares del PP, se ha llenado la pantalla de colaboradores y tertulianos de extrema derecha que hacen el agosto a costa de un servicio público que consideran que habría que cerrar.

A la manipulación y el sectarismo hay que unirle la siniestra gestión del subdirector general Angel Martín Vizcaíno en la contratación de programas millonarios de pobrísimos resultados a las productoras amigas sin que nunca haya tenido que dar una sola explicación. El más listo. El hombre de Ignacio González, el hombre en la sombra.

Con este panorama no podemos decir que la presentación del ERE nos pillara de sorpresa. Los trabajadores llevábamos años denunciando, a través de la plataforma Salvemostelemadrid, el secuestro y el saqueo de Telemadrid por el Partido Popular y de las nefastas consecuencias que eso iba a tener no sólo para los puestos de trabajo sino para la salud democrática en la Comunidad de Madrid y el tiempo nos ha dado desgraciadamente la razón. Una historia que se repite. Unos gestores de lo público enamorados de la gestión privada que destrozan un servicio público y como única solución para arreglar los destrozos que han provocado despiden a los trabajadores. Pero en Telemadrid lo mismo de siempre tiene un componente obsceno que subleva más si cabe. Se quedan todos los jefes y directivos, los que nos han hundido, con sus sueldos intactos. 8 de ellos cobran más que el Presidente del Gobierno de España. Despiden a trabajadores fijos por oposición y dejan a los contratados a dedo. Y sobre todo despiden a todos los trabajadores menos a sus periodistas porque no nos quieren ni ver, porque somos molestos, porque hemos osado plantarles cara. Una purga en toda regla más acorde con un estado totalitario que con uno democrático.

Y como guinda del pastel ya sólo les queda adjudicar un contrato multimillonario a una productora para que se encargue del trabajo que hasta hace unas semanas realizábamos nosotros. Esto no es lo mismo que venderla o privatizarla. Es mucho mejor, para los amigos de la productora claro. Si se vendiera Telemadrid el que la comprara tendría que buscarse la vida en el mercado publicitario para garantizarse unos ingresos que le generaran beneficios y eso en el momento actual es más que difícil. Las pérdidas están aseguradas. Pero de esta forma lo que se hace es transferir dinero público que antes cobraban trabajadores públicos a una empresa privada que no arriesga nada ya que solamente da un servicio. Si Telemadrid ingresa menos de lo esperado por publicidad y no puede cuadrar su presupuesto será problema de Telemadrid no de la productora, que seguirá cobrando lo mismo. El negocio perfecto. El atraco perfecto a costa de los madrileños financian una radiotelevisión pública que no cumple su misión y de la clase trabajadora porque donde antes había un trabajador público con unas condiciones de trabajo dignas ahora habrá un trabajador explotado en aras del beneficio empresarial.

Nos fuimos pero lo hicimos por la puerta grande después de haber peleado sin descanso por defender lo nuestro y lo de todos: la tele y la radio públicas. Y pensamos volver porque esto no ha acabado. El ERE es ilegal y lo demostraremos en los tribunales. Mientras tanto la lucha continúa.

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