Sanidad pública

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ElRotoNoRentableWEB

“Hay muchas maneras de matar.

Pueden meterte un cuchillo en el vientre.

Quitarte el pan.

No curarte de una enfermedad.

Meterte en una mala vivienda.

Empujarte hasta el suicidio.

Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.

Llevarte a la guerra, etc…

Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado”.

Bertolt Brecht

M. M.- He salido muchas veces a defender la sanidad pública y seguiré haciéndolo. He oído y leído en muchas noticias el deterioro al que la están sometiendo desde las diferentes administraciones. Pero he sido consciente de la verdadera crueldad de este sistema con la propia experiencia.

Mi madre llegó a urgencias del hospital público La Princesa un lunes, con fuertes dolores de cabeza, prácticamente llorando de dolor. Sé lo real y enorme que era ese dolor, porque ella ha sufrido mucho ya, es una superviviente de esa enfermedad de nuestra época: el cáncer. Tardaron en atenderla, pero esto es algo que tristemente hemos asumido como normal cuando vamos a urgencias. Le hicieron un TAC y la ingresaron. A pesar del dolor que seguía martirizándola no le hicieron una resonancia, necesaria para saber qué le ocurría, hasta el viernes. Y no porque los excelentes médicos que tiene la sanidad pública no quisieran, sino porque están imbuidos en un sistema inhumano que permite que solo se hagan resonancias los lunes, miércoles y viernes, y escáner los martes y jueves. Un sistema que permite que solo haya un celador por planta, que permite que las enfermeras, auxiliares y demás trabajadores trabajen cada vez más por menos, lo cual influye evidentemente en su trabajo. Que no pongan ni una botella de agua, ni un vaso con la comida y la cena, es una cosa nimia comparado con la escasez de limpieza, los churretones en las paredes, las ventanas de aluminio que permiten pasar el ruido infernal de la calle, la evidente antigüedad de las instalaciones y un largo etcétera de despropósitos como haberse “quitado de encima” a la mayoría de médicos más mayores. Todo ello pensado para deteriorar poco a poco el sistema público.

Y mi madre tuvo “suerte” por tener tanto dolor. Su compañera de habitación terminó marchándose después de llevar varios días ingresada sin que le hiciesen ninguna prueba. No soy gestora ni personal sanitario, pero supongo que saldrá más caro tener a una persona varios días ingresada que pagar más técnicos que hagan pruebas, y supongo que lo mismo ocurre con las derivaciones a la privada. Y sé por trabajadores de la misma, que estos hospitales tienen las máquinas trabajando sin parar por las pruebas que derivan de la pública.

Cuando uno está en un hospital cree que ya está a salvo del sufrimiento. Cuando uno tiene un familiar con los antecedentes que tiene mi madre y lo primero que piensa es que “la bicha” ha llegado otra vez, lo que menos necesita es que le generen más angustia por estar días esperando pruebas y diagnósticos, viendo la descoordinación y los fallos que provocan las peores condiciones en las que cada vez trabaja el personal sanitario de nuestros hospitales.

Esta gente que decide todo lo anterior, que dice ahora que no va a externalizar pero va minando poco a poco todo lo público,  y todos los altos cargos que les hacen el trabajo sucio en hospitales y ambulatorios, no son los que más están acabando con todo. Somos todos y todas los que lo permitimos cada día: en nuestro trabajo, en nuestro entorno, con nuestra pasividad. Hay que luchar,  porque con lo que juegan es con nuestras vidas.

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