Salud psicosocial en la crisis del sistema.

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rompe el miedoPARAWEBLeonor Lagar.- Muchos días nos levantamos con dolores, extrañas sensaciones y ganas de nada, nos sentimos fatal, salir de la cama y empezar a funcionar se puede convertir en una pesadilla. Es probable que el síntoma sea angustia, tristeza, desazón, otras veces dolores musculares, de estómago o taquicardias, por mencionar solo algunos de los sufrimientos de la mente y el cuerpo. Nos tomamos unos antiinflamatorios o ansiolíticos y vamos tapando un profundo malestar psicológico. La mayoría de las veces nos resulta difícil ponerle nombre a lo que sentimos porque su origen está en la situación económica y política impuesta por quienes ejercen el poder. Nos quitan lo que nos pertenece, también la salud psicosocial.

¿Qué emociones nos invaden cuando nos vemos amenazados/as por el paro, o la pérdida de la casa, o cuando sabemos que no llegaremos a fin de mes con la paga o el subsidio? ¿Qué sentimos cuando se criminaliza y se reprime la justa protesta de la gente ante el robo y la estafa institucional?
Rabia, desesperación, impotencia, y tanta ansiedad que puede desembocar en depresión. Es absolutamente normal sentirnos vulnerables en una situación que no tiene nada de normal, es normal que hagamos síntomas que nos avisan de la impotencia e indefensión que podemos llegar a sentir ante la pérdida de los derechos arrancados a la fuerza.
Día a día, vamos acumulando estrés. El estrés se produce cuando el organismo ha superado sus límites de esfuerzo y de recursos, ante una situación que excede sus posibilidades. Uno de los síntomas del estrés es un alto nivel de ansiedad. La ansiedad se caracteriza por el miedo presente y anticipado al daño, se manifiesta con sensación de ser vulnerable, de desprotección y de que fácilmente podemos sufrir daño; estado de alerta continuo; impotencia, sensación de no poder hacer nada y que lo que sucede no depende de ti; alteración del sentido de la realidad, no saber realmente donde está el peligro o qué es lo que realmente sucede.
Como esta situación llamada “de crisis”, no tiene nada de normal ni de natural (no ha caído del cielo, sino que es obra de mentes y voluntades con nombres y apellidos), sus repercusiones en nuestro estado anímico se diferencian de las consecuencias producidas por un desastre o catástrofe natural o accidental, ante las cuales por lo general nos ponemos las pilas y entre todas/os afrontamos el salir adelante. Pero esta situación se parece más a una guerra, porque no hay nada más traumático para la autoconfianza y necesidad de seguridad, que la violencia producida por la estrategia del miedo. Una estrategia orquestada desde los discursos del poder y que está teniendo serios efectos desestructurantes sobre las personas y el tejido social.
La vulnerabilidad física y el sentimiento de “no puedo más” producen dramáticas consecuencias, que van desde la más grave e irreversible como es el suicidio, a los múltiples síntomas de dolor corporal y psíquico.
Sin una sistemática campaña de infundir miedo a la población para su control, no sería posible tanta impunidad. La psicología social del miedo produce entre otras cosas inhibición de la participación social, desconfianza en nuestros vecinos y privatización del daño ocasionado para que se quede silenciado en cada casa. Pretenden que cada persona deje de reflexionar y adopte sin más, las ideas inoculadas desde la TV bajo la amenaza de mayor represión económica, social y policial, si hace falta.
Pero podemos superar la indefensión, podemos generar una defensa activa de nuestra salud mental, de nuestra salud integral, socializando emociones, compartiendo entre todas y todos las estrategias de resistencia activa que rompan el silencio y la privatización del daño. Tener miedo es normal, lo peligroso es no darnos cuenta de ello, porque es entonces cuando nos quedamos paralizados haciendo síntomas de indefensión. Por el contrario, cuando expresamos nuestra riquísima capacidad de construcción de alternativas solidarias, cuidamos y desarrollamos nuestra salud.

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