Saida, desahuciada y con una ayuda que está a punto de agotarse

0

Victor H. Ospina.- La desgracia ha llamado tantas veces a la puerta de Saida, una mujer de origen marroquí y que lleva viviendo 12 años en Alcorcón, que cuando cuenta la última, en su rostro no hay atisbo ni de dolor ni de tristeza. Sorprende porque no tenido una vida fácil.

Llegó a España en el 2004. Los problemas empezaron a llegar cuando su marido fue deportado a Marruecos. Con dos hijos a cargo, no pudo hacer frente a las obligaciones que conlleva una vivienda. Así llegó su primer desahucio. Encontró la solución ocupando una vivienda vacía.

Pero los problemas volverían a aparecer. La Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid le quitó la patria potestad de sus dos hijos. El enésimo mazazo iba a llegar el 9 de enero: un segundo desahucio.

En marzo de 2014, Saida con ayuda de algunos vecinos ocupó un inmueble de Bankia situado en la calle Cáceres. A pesar de que no era su hogar, lo había amueblado como si fuera suyo con lo que iba encontrando en la calle. Comenta que nunca tuvo problemas con los vecinos.

El primer dolor de cabeza llegó en forma de una orden de desalojo después de que la entidad bancaria le pusiera una demanda por usurpación. Pero sus abogados, del colectivo de la PAH, lograron paralizarlos y retrasarlos hasta marzo de 2016, cuando estaba prevista una vista oral en el juzgado.

Pero los verdaderos problemas empezaron a llegar cuando Bankia vendió la casa, según Saida. Ya no era la entidad quien llamaba o enviaba cartas. Los nuevos propietarios hicieron todo lo que estuvo a su alcance para que abandonara su casa, como cortes de luz o el cambio las cerraduras cuando ella no estaba. O el intento de entrar por la fuerza a la casa que había adquirido.

Este episodio tuvo lugar en diciembre. Pero la policía permitió que Saida siguiera en la vivienda que estaba ocupando sin autorización porque los dueños, a pesar de serlo, no tenían una orden de desalojo. No obstante, le recordaron que estaba ocupando una propiedad que no era suya, por la que no estaba pagando y que tenía que desalojar.

Antes de que acabaran las vacaciones escolares, Saida había encontrado trabajo como limpiadora en la Fundación Jiménez Díaz. Sus hijos ya habían vuelto al centro tutelado (lo hacían por las vacaciones y durante algunos fines de semana). Para evitar que los dueños entraran su vivienda, desde la PAH se crearon turnos para que en la casa hubiera siempre gente.

Pero no fue suficiente y los dueños lograron entrar y cambiar las cerraduras. La policía nacional haría el resto.

Saida y la PAH han interpuesto una denuncia contra los dueños del inmueble.

Comments

comments

Share.

Leave A Reply