Revisión del PGOU de Alcorcón por David Rus

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David Rus.- El pasado 30 de noviembre fue aprobado en el pleno municipal una moción para comenzar los trabajos de revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Alcorcón. La iniciativa fue sacada adelante con el apoyo de Ciudadanos, que aseguran que el actual Plan se “ha quedado obsoleto”, absteniéndose el resto de grupos políticos. El PGOU vigente se redactó en 1999; y desde entonces ha sido sometido a numerosas rectificaciones y variantes, difiriendo, en algunos casos, lo planeado de lo finalmente construido. Algunas de estas modificaciones han caído en saco roto por temas judiciales, como los diversos planes en la zona norte de Alcorcón.

Todos los partidos políticos municipales llevaban en su programa el cambio del PGOU (o la redacción de uno nuevo), por lo que parece obligado preguntarse: ¿es muy necesario este cambio? ¿Qué finalidad tiene el PGOU? Este no es sino una herramienta básica para la ordenación integral del territorio, en donde se establecen cuáles son las zonas urbanizadas, las zonas por donde la ciudad crecerá (zonas urbanizables) y por donde no se puede construir (suelo no urbanizable). Además expone una normativa sobre cómo será el tipo de edificación, la densidad de vivienda,… Es un instrumento básico e imprescindible para municipios de gran tamaño como el nuestro. Pero a la vez que necesario es complejo; un mal uso de este puede tener nefastas consecuencias.

En el PGOU actual, aproximadamente el 40% de la superficie del municipio corresponde a suelo no urbanizable. Este es el suelo que se pensó para Eurovegas, y para el Ensanche Norte de Cascallana (con la ciudad del Atlético de Madrid incluida). Una zona tan grande y tan cerca de Madrid, es un diamante en bruto para los inversores; además de suponer un importante impulso para el crecimiento de Alcorcón. El Ayuntamiento se enriquecería con la operación y sofocaría así sus muy abultadas deudas. Pero también hay que tener en cuenta que supondría agotar el suelo libre que le queda al municipio, y no sabemos si en el futuro nuevas necesidades humanas o económicas requerirán de un espacio del que ya no podríamos disponer.

Estamos ante un gran cambio en nuestra ciudad, y los ciudadanos debemos formar parte del proceso de toma de decisiones para saber cómo queremos que sea nuestra localidad en el futuro. Crecer puede ser una oportunidad para la vivienda y el empleo, pero también puede suponer un terrible daño al medio ambiente o incluso el hecho de endeudarse, si las previsiones fallan.

Como ejemplo: Alcorcón tenía una población de 167.967 habitantes en 2009, antes de que se inaugurara el Ensanche Sur; actualmente tiene 167.136 habitantes (datos del Instituto Nacional de Estadística). Un crecimiento físico no conlleva necesariamente un crecimiento de la población, ni tampoco de la riqueza. Sí que provoca que la población se disperse, generando más gasto en infraestructura y servicios que el de una población concentrada, además de que ocupa mayor cantidad de suelo, con el coste medioambiental que tiene. El crecimiento tiene que ir en la línea de lo que se demanda, si Alcorcón ha crecido urbanísticamente, pero no en población, es que aún no se han llenado las viviendas disponibles. Sí que sería más provechoso tener en cuenta los niveles de desempleo de la localidad, o la dificultad que tienen los empresarios y emprendedores locales para iniciar un negocio, para ganar suelo productivo, ya sea en nuevos desarrollos o aprovechando vacíos y huecos en el tejido prexistente.

Podemos observar otros ejemplos cercanos a nuestra localidad en el que el crecimiento excesivamente rápido ha provocado saturación en las infraestructuras que ya existían, provocando un empeoramiento en la calidad de vida de los vecinos de siempre. Un crecimiento o un PGOU, debe de estar en línea con los planes de los pueblos vecinos. Y si es posible, que todos los planes coexistan dentro de un buen Plan de Coordinación Territorial de Madrid, para evitar que los municipios creen estructuras paralelas innecesarias.

Una buena idea sería redactar el plan como una línea a seguir para el futuro de nuestro municipio; colaborando con otros pueblos y la comunidad para no solapar infraestructuras ni nichos; y tomando siempre en cuenta a los ciudadanos que son los que tienen la última palabra sobre cómo quieren que sea su ciudad. Un PGOU, que marque un camino y al que se le obedezca. Un documento que encuentre un equilibrio adecuado entre evitar la especulación y el desarrollo descontrolado; y que el crecimiento del municipio no se vea lastrado por una normativa excesivamente rígida. Algo sencillo, pero que se cumpla, y que siempre lleve en sí mismo, la idea de que el urbanismo trabaja por un espacio mejor para la vida de sus habitantes, no trabaja para hacer negocio. Eso es algo fuera de la competencia de las instituciones públicas.

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