“La residencia de Alcorcón se va a pique”

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Así lo cree un trabajador de la residencia de Alcorcón en la que apareció un anciano muerto en el jardín 12 horas después de que sus compañeros comunicaran su ausencia. Esta persona no se explica cómo el centro se mantiene en pie con la falta de organización, con el estado en el que se encuentran las instalaciones y con las deficiencias de personal, que no han aumentado tras la muerte del anciano de 81 años. Desde la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid han pedido a los trabajadores que se mantengan alejados de la prensa para que los trabajadores no se vean perjudicados por las informaciones.
Víctor H. Ospina.- El día 8 de abril a las 10 de la mañana, varios ancianos de la residencia pública de Alcorcón (calle Esteban Máquez, 2) dependiente de la Comunidad de Madrid, encontraron el cuerpo sin vida de Miguel G. de 81 años en el jardín. El cadáver no presentaba signos de violencia. Sus compañeros habían comunicado a los trabajadores que Miguel C. no había ido a cenar la noche anterior. Pero los trabajadores no escucharon a los ancianos que les extrañó la ausencia de su compañero.

Miguel G. estaba relativamente bien de salud. No tenía dolencias graves, pero caminaba con ayuda de un andador después de que se hiciera una herida tras sufrir un mareo y caerse al suelo. El médico por tanto lo obligó a usar el andador para evitar males mayores.

Daniel, nombre ficticio para proteger la identidad del trabajador, detalla la cadena de errores en todo lo sucedido en la residencia aquella tarde-noche. Miguel C. tenía como costumbre salir todos los días a dar de comer a las palomas. El primer fallo es que desde la conserjería nadie apuntó que el anciano había salido al jardín y tampoco la hora de su regreso. El segundo fallo es que otros ancianos comunicaron que su compañero no había bajado a cenar, pero los trabajadores (los del turno de tarde) no los escucharon y por tanto nadie fue a buscarlo. El tercer fallo tiene que ver con las cámaras de seguridad. “Están de adorno: no funcionan”, cuenta el trabajador.

El cuarto fallo se produjo ya en el turno de noche. Según cuenta Daniel, la auxiliar -que mantiene muy malas relaciones con el resto del personal- hizo una ronda, pero no comunicó que faltaba una persona en una cama cuando pasó por la habitación del anciano que más tarde aparecería muerto. En cambio, se limitó a poner en el parte que la cama estaba vacía. Durante el resto de la jornada, tampoco se hicieron las guardias reglamentarias.

El juez del juzgado de instrucción número 3 de Alcorcón tomó declaración el día 21 de abril a la enfermera y a la auxiliar del turno de noche. Ambas aseguraron ante el juez que no les constaba en el parte de incidencias de aquella noche la ausencia del anciano. A estas dos trabajadores se les investiga por los delitos de omisión por deber de socorro u homicidio imprudente, aunque el juez Agustín Carretero no ha hecho ninguna imputación hasta el momento. También ha declarado la enfermera del turno de tarde. Según informa EFE, el juez ha pedido a la Comunidad de Madrid la identidad de la responsable del turno de tarde para tomarle declaración.

“Si hay algún culpable, no debería ser la enfermera del turno de noche porque su labor no consiste en hacer el recuento de las personas mayores. Ese es trabajo de la auxiliar”, asegura Daniel. No obstante, el trabajador considera que la auxiliar no tiene toda la responsabilidad. “Cometió un fallo porque no comunicó que faltaba una persona en una cama cuando pasó por la habitación. Pero no creo que sea bueno achacarle toda la responsabilidad”. Asegura que a pesar de las diferencias que tiene hacia la auxiliar, considera que todo ha sido un cúmulo de errores que desencadenaron en el fatal desenlace. La jefa de Atención del Área Territorial reconoció ante el juez que “hubo fallos en los controles tanto en el turno de tarde como en el de noche”, informa EFE.

Daniel se ha mostrado muy crítico con la dirección de la residencia. “La directora no nos ha reunido para decirnos aunque sea: esto no puede volver a pasar”. Después de muchos días, la directora sólo se ha reunido con las enfermeras. También palabras críticas para la supervisora. “Por las noches, han llegado a haber hasta ocho trabajadores. Y otras en cambio, apenas cuatro para 200 personas. La falta de organización que tiene esta señora es tremenda”, asegura.

¿Cuál es el ánimo entre los trabajadores a raíz de la muerte de este abuelo?, le preguntamos a Daniel. “Hay mucho miedo. Se están haciendo todo lo que hay que hacer el dedillo, no saltarse ninguna obligación. No vaya a ser que nos caiga otra”.
La entrevista con el trabajador de la residencia se produjo el día 22 de abril. Por aquel entonces la enfermera del turno de noche estaba de baja. A día de hoy, aún no se ha incorporado a su centro de trabajo. La auxiliar, por el contrario, se ha incorporado después de estar unos días fuera.
En una nota de audio que se ha enviado desde la Consejería de Sanidad y al que este este periódico ha tenido acceso, no se va a abrir expediente a los trabajadores hasta que se resuelva la situación judicial.
“La residencia se va a pique”
Hay un caos tremendo en la residencia. Hay abuelos que se visten con la ropa de otros. Y esto la familia no lo sabe. No le puedes dar de cenar a un abuelo que está casi ciego boquerones con espinas. Cenan cosas que no deberían comer. La residencia en términos humanos ha perdido calidad. Antes se hacían salidas, los abuelos se divertían. Pero ese espíritu ya no existe”, lamenta Daniel.
“No sé cuánta es la cantidad de dinero que la Comunidad de Madrid destina a la residencia, pero está abandonada: muebles desvencijados, sillones rotos, paredes con grietas. El jardín da pena. Hay trabajadores que han puesto dinero de su bolsillo para comprar bastoncillos para los oídos o suavizante para el pelo porque los que daban allí les dejaban horrible el pelo a la mujeres”. Daniel resume que la residencia se va a pique. También ha revelado que cada vez que va a venir un inspector, les avisan para que todo esté en orden.
“Las duchas deberían tener una silla para que los abuelos se sienten mientras se les está lavando. Pero no hay nada. Algunas veces he perdido mucho tiempo buscando una silla para poder duchar a los abuelos con seguridad”.
Los parientes de los residentes han denunciado que a algunos de sus familiares los han levantado a las 12 del medio día debido a que el personal no llega para cubrir las necesidades de todos los ancianos. La noche del incidente sólo estaban trabajando cuatro personas para 200 personas que viven en la residencia.
A pesar de que ha pasado poco más de un mes de la muerte del anciano, Daniel ha asegurado que la situación en la residencia sigue igual. “Seguimos estando bajo mínimos en personal en todos los turnos. La Consejería de Sanidad no ha contratado a nadie a pesar de las evidentes deficiencias de personal que tenemos. Me sorprende que no contraten a más gente teniendo en cuenta el nivel de paro tan elevado que tenemos”, ha argumentado Daniel.
El día 15 de febrero falleció otra persona mayor en la residencia. Su hijo denunció la falta de servicios clínicos durante los fines de semana. Daniel confirma la validez de estas denuncias. “Por las noches no hay médico. Tampoco los fines de semana ni los días festivos. Para cualquier cosa, siempre hay que llamar a urgencias”, expresa este trabajador.
A la falta de recursos, hay que añadir otros errores humanos. “Hace unos días, un médico llamó a los familiares de un anciano para decirles que su pariente había muerto. Más tarde se dio cuenta de que se había confundido de nombres: dos pacientes compartían nombre pero no apellido. Y con mala suerte que llamó a la familia de la persona que en realidad estaba viva. Estamos una tras otra”, explica.
En medio del aparente caos reinante, también hay espacio para buenas noticias. “Hace unas semanas, unas compañeras del turno de noche encontraron a un paciente que se estaba ahogando con los cinturones de la cama que se les ponen a los ancianos para que no se caigan de ella. Gracias a las guardias, pudieron auxiliar a esta persona, que en un intento de coger algo de la mesilla, quedó atrapada entre el cinturón y la cama. Su hubieran pasado diez minutos más, ese abuelo estaría muerto”, narra Daniel.
‘Omertá’ desde la Consejería de Sanidad
En la residencia se están escuchando algunos rumores como que la Consejería de Sanidad va a pagar una cuantía económica a la familia para que no siga adelante con la denuncia, asegura Daniel. Otros rumores que sí están confirmados es la ‘omertá’ que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid está intentando imponer en los trabajadores de la residencia.
Según una nota de audio de Whatsapp que se está enviando a los trabajadores y a la que este periódico ha tenido acceso, hay órdenes desde la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid para que los trabajadores no acudan a la prensa porque todo lo publicado puede afectar de manera negativa a los trabajadores.
“Ellos [la Consejería de Sanidad]quieren que se calme la situación porque piensan que nos está haciendo mucho daño la publicidad que está saliendo en los medios. Piensan que las informaciones de los medios hacen daño a la organización y a los trabajadores, que al final somos a los que nos desprestigian”.
Fe de errores. Aclarar que los hechos que aquí se han contado tuvieron lugar en la residencia dependiente de la Comunidad de Madrid, que se ubica en la calle Esteban Márquez, 2 y no en la AMMA. Pedimos disculpas y subsanamos el error.

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