Querido Metro Carta abierta a un medio de… ¿transporte?

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Juan Rodríguez.- Bn87nadIcAAIlTO (1) Fuente twitter.comCrisAlvareGordo WEBMetro de Madrid: Veo lo que te han hecho y se me parte el corazón. ¿Cómo es posible que te hayan convertido a ti, una cosa inerte, en algo odioso? Suena tan ridículo como odiar a un rotulador fluorescente o a un paquete de guisantes congelados, pero así es. La mayoría de nosotros te odiamos, Metro. Cada mañana buscamos tu abrazo amigo pero tú prefieres darnos un puntapié en la entrepierna, previo pago de 54,60 euros (en el “mejor” de los casos). Eres como uno de esos villanos malísimos a los que dan ganas de meterle un dedo en el ojo, ¡eres el Voldemort de los medios de transporte!

¿Cómo no odiarte, Metro? Nos cortas las líneas sin avisar, cada vez nos visitas con menos frecuencia en las estaciones, nos taladras los oídos con esos absurdos boletines informativos (¿¿las noticias del Metro?? ¡Vende esos televisores y arregla las escaleras, muchacho!)… pero lo de los minutos ya es la repanocha. Qué harán los relojes blandos de Dalí, dónde se esconderán, cuando descubran que les has sustituido en el noble arte de retorcer el tiempo hasta derretirlo. Y es que ya hasta lo dices abiertamente, en tus tweets: tus minutos no son minutos reales, sino extrañas unidades de tiempo, nuevas en el negocio, que están “en constante actualización”. Traducido, que cuando pones “próximo tren llegará en 6 minutos” lo mismo pueden ser 6 que pueden ser 12. Y suelen ser 12. Y encima vas y lo cascas, en Twitter, con orgullo, con descaro, con la mismísima cara dura y blanquecina de Voldemort. ¡¡Espelliarmus, Metro!! ¡Expectro Patronum!

escandalometroPero si te odiamos, Metro, es porque nos importas. ¿Cómo no vas a importarnos si eres al engranaje de nuestras vidas lo que la mantequilla a la tostada, el Facebook a la oficina o el autotune a Demi Lovato? No puedo vivir sin ti, Metro. Te necesito en mi vida. Pero no te necesito bonito, con pantallas planas y noticieros propios, con estaciones patrocinadas por teléfonos, con revisores pidiéndonos el billete (¡tú me pides cuentas a mí, Metro!). Te necesito sencillo, en chándal, de domingo. Dame el paquete básico, ahórrate los extras. Querido Metro de Madrid: no quiero que vueles, quiero que me lleves.

 

 

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