¿Qué es la nueva política? Parte I  

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Noel Fernández.- En las últimas citas electorales hemos podido escuchar este término por boca de diferentes líderes políticos. Si bien es cierto que fue Podemos quien lo elevó al debate público, no son pocos los políticos que quieren apropiarse del término o quedar incluidos dentro del marco conceptual de esta idea. En una sociedad en la que todo lo nuevo siempre es sinónimo de mejor, nadie quiere ser peor, nadie quiere ser viejo. Aunque siendo justos con la historia, la nueva política, realmente no es una idea tan nueva. Quizás es relativamente bastante vieja.

Ya en 1914 Ortega y Gasset impartía conferencias con el título “Vieja y Nueva Política”, para analizar los cambios profundos que estaba viviendo la sociedad en ese momento: el debate de la regeneración y del agotamiento del régimen de turnos de Cánovas del Castillo. En versos de Antonio Machado: una España que muere/ y otra España que bosteza. Después de un siglo la idea de nueva política vuelve al debate público y se produce en un proceso similar, salvando las distancias, de agotamiento del régimen constitucional instaurado. Curioso, cuanto menos. Pero, actualmente, para nosotros, ¿qué es la nueva política? Para contestarnos deberíamos remontarnos en el pasado, no tanto como un siglo, pero sí lo suficiente para entender el contexto. Sería mejor empezar con otra pregunta: ¿El escenario de ruptura y organización popular que protagonizo el 15M fue nueva política?

Difícil cuestión si tenemos en cuenta que en ese momento el concepto de nueva y vieja política no se había insertado aún el debate público. El escenario que había abierto el 15M en cuanto a la forma de hacer política era una cuestión de prácticas y no de universo discursivo. Se entendió que las dinámicas de los partidos políticos eran también causa de la crisis institucional. La corrupción, las tramas de poder, las dinámicas opacas y poco democráticas dentro de estas organizaciones eran rechazadas rotundamente por la ciudadanía. Frente a esas dinámicas viciadas la ciudadanía desarrolló procesos de una radicalidad democrática sorprendente, cuyo único objetivo era la participación masiva en las decisiones que afectaban al común.

La asamblea, el consenso, la solidaridad, la cooperación, la transparencia, eran prácticas concretas que se contraponía a la política viciada de las viejas organizaciones. Lo interesante fue que una gran masa social asumió esa fórmula de organización popular de forma hegemónica en relación con todo lo anterior. El hito del 15M acaba de crear un imaginario colectivo entre lo viejo: caduco y corrupto; y lo nuevo: ilusionante y esperanzador. Pero si el 15M había abierto ese escenario político-social, fue Podemos quien supo reformular ese imaginario colectivo en un discurso adaptado a los medios de masas. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿realmente sobrevivieron esas prácticas democráticas dentro de la ola institucional impulsada por Podemos?… (Continuará en el siguiente Ágora)

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