¿Qué es el fútbol popular?

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Nacho Sánchez.- La aparición de las Sociedades Anónimas Deportivas en 1992 fue el inicio del fin de los valores tradicionales del deporte a nivel profesional. En el caso del fútbol, se sustituyó definitivamente la participación de los socios por la rentabilidad económica y el sentimiento de pertenencia por la compra-venta de plazas. El aficionado vio cómo desaparecía su poder de decisión al pasar de ser socio de su club a mero cliente de una empresa, donde su papel se reducía a comprar una entrada o la camiseta de su equipo a un precio generalmente desorbitado. El dinero de las televisiones hizo el resto: se creó una enorme burbuja especulativa que aún perdura apartando todavía más a las personas de su deporte favorito, ya que hoy en día es más rentable para las SAD que sus seguidores vean los partidos desde casa que en el propio estadio.

Desde hace unos años, varios grupos de aficionados se han ido rebelando contra este “fútbol negocio” en el que no se sienten escuchados ni representados fundando sus propios clubes. Estas entidades de fútbol popular comparten algunas peculiaridades: bajo la máxima “un socio, un voto”, los clubes asamblearios se gestionan por democracia directa y defienden los valores deportivos tradicionales cumpliendo con varios criterios de interacción social, como la implicación y la colaboración activa con las asociaciones y plataformas de colectivos susceptibles de marginación que existan en su entorno cercano, siendo así partícipes del día a día de la calle.

El FC United of Manchester abrió el camino de la gestión deportiva comunitaria y, tras 11 años de andadura y varios ascensos consecutivos, ha llegado a registrar unas afluencias de más de 6000 espectadores en los partidos que disputa en su propio estadio, construido con las donaciones y el esfuerzo de sus socios. Cada año son más los clubes populares que se crean por toda Europa: en el estado español tenemos al CAP Ciudad de Murcia, Atlético Club de Socios, FC Tarraco, UC Ceares de Gijón, Unionistas de Salamanca, SD Logroñés, UD Orense, Xerez Deportivo, CD Palencia, Avilés Stadium… Todos estos equipos nacieron en la categoría más baja posible, lejos de los focos y el supuesto glamour de la élite, pero la mayoría está demostrando la viabilidad de la autogestión en el deporte ascendiendo rápidamente: muchos ya juegan en categoría nacional -Tercera y 2ª División B-, y para esta temporada se esperan varios ascensos más.

La progresiva recuperación del protagonismo perdido por el aficionado es ya un hecho que se demuestra viendo las masas sociales conseguidas por los clubes democráticos: 4000 socios en Xerez o 2500 en Salamanca demuestran las ganas que hay por volver a disfrutar en primera persona de la pasión por el deporte. La visión del aficionado como consumidor pasivo de un espectáculo de usar y tirar debe ser superada: ¿por qué conformarse pudiendo ser colaborador directo de los éxitos de su club, integrado en una experiencia colectiva con grandes beneficios para su comunidad? El reto está servido: otro fútbol es posible.

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