OTRA VEZ LOS TITIRITEROS Y EL TITIRITAR DEL DISCURSO DEL CAMBIO.

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Noel Fernández Martínez.- A estas alturas del espectáculo, después de tanta amalgama informativa. Aquí todo está más que claro. Me refiero: a otro combate más de la guerra cultural madrileña, al estrechamiento de las libertades fundamentales y al titiritar del discurso del Cambio.

Un artículo de eldiario.es recogía esclarecedoras declaraciones de una madre asistente a la, ya internacionalmente famosa, actuación de cachiporra.

Empecemos por algún lugar. Se dijo que no era una obra de teatro infantil. Y muchos dirán: “ya, pero en la publicidad oficial se presentaba para todos lo públicos”. Pero hay que tener en cuenta que en realidad era “para todos los públicos”. Creo que en este país aún tenemos libertad, en este caso de cada padre o madre, para decidir si una cosa es “deleznable”, “inadecuada” o “inaceptable”, para sus hijos.

Las declaraciones recogidas en el aludido artículo pueden corroborar que los titiriteros: “avisaron de que la obra era antipedagógica” y de que contenía “actos atroces, inmorales e irreverentes””, tal y como afirma una madre. Podemos entender que a partir de aquí es libertad de cada cual quedarse o irse. O como comenta esa misma madre: “Yo si veo algo violento en la televisión la apago, lo mismo con una obra de teatro, no me quedo hasta el final”.

Creo que se puede ir disipando las dudas sobre la negligencia técnica en la programación . De hecho, esta madre también decía:”en su opinión, la obra era menos violenta que algunas series de dibujos animados que se emiten en televisión por la tarde y que ven todos los niños, como “Bob Esponja o Tom y Jerry”. Es decir: “para todos los públicos”. Y en cuanto al hecho irrefutable o “deleznable” o “inaceptable” de la pancarta famosa de 20 centímetros: “No se entendía bien la broma, pero no pensé que era ninguna provocación ni enaltecimiento del terrorismo. Estaba dentro de la trama”, comentaba esta madre.

No creo necesario hincapié en la esperpéntica realidad de que dos artistas pasaran en la cárcel 5 días y aún tengan que enfrentarse a pena de cárcel. El que no quiera ver que no vea. Si la Bruja Avería levantara la cabeza.

A todo esto, y como buena tormenta mediática, los que aún no han asumido la derrota electoral en Madrid, parece que tenían su estrategia discursiva muy clara. Un suceso para desviar la agenda  informativa de los casos de corrupción.  Un suceso para remarcar su hegemonía cultural basada en el miedo y en la falta de libertad. Ya lo vimos con el abominable caso de los trajes de los Reyes Magos.

Pero, ¿que buscaba la estrategia discursiva del Cambio?

Faltó tiempo para que el discurso del Cambio, guiado por no sé que hipótesis centralista de quedar bien ante la opinión pública (o quizás por no sé qué altura de miras en cuanto a la responsabilidad de gobierno), no sólo no defendiera la actuación técnica, y que casi pasara de puntillas, en algunos casos, sobre la aberración del encierro de los titiriteros (ya denunciado por Amnistía Internacional), sino que además, en vez de defender su actuación cultural, se unían casi al discurso moralista y cultural de la caverna mediática con esa serie de adjetivos para calificar la obra: “deleznable”, “inaceptable”, etc.

A los pocos días, su hipótesis discursiva se da de bruces con la realidad simbólica del Cambio. Porque parece que no todo se maneja en los medios, sino también en la calle. Y es que la gente votante del centralismo tan ansiado les ha pasado por la izquierda (o en la nueva terminología arriba-abajo, por debajo de los tobillos). En palabra de esa madre: “golpes, cachiporrazos y gritos”, pero no le pareció nada fuera de lo normal”. Y añade: “se ha exagerado lo que ocurrió el viernes y cree que se ha “instrumentalizado” a los niños por parte de los partidos políticos, del Ayuntamiento y de los medios de comunicación. Ha hablado con otros padres y madres y asegura que todos piensan igual.”

Lo errores hay que reconocerlos. Se va andando y a veces hay que parar para saber en qué dirección, incluso aquellos que van en la cabeza del pelotón. Al menos en este caso la centralidad se ha recogido por otras vías. Simplemente haciendo lo que se predicó. “Defender a la gente frente a la casta”. Y había argumentos de sobra.

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