Nos queda mucho por hacer…

7

Romper cadenas

María Martín.- La sensación de que ya está todo hecho es la que prima muchas veces cuando se habla de feminismo. Se critica sin cesar a otros países y culturas dando por hecho siempre que en “occidente” sí hay igualdad real y definitiva entre hombres y mujeres. Pero lo cierto es que en la lucha nunca hay algo definitivo, y en este caso no sólo queda mucho por hacer, si no que en muchos aspectos estamos retrocediendo.

Todo el mundo sabe que las mujeres en muchos casos seguimos cobrando menos por realizar el mismo trabajo que los hombres, que sufrimos más la crisis, el desempleo, el acoso, la violencia, los recortes, la marginación, la represión,  las garras de este sistema tan inhumano. En el mundo las mujeres son las más pobres entre los pobres.

Algunos ejemplos: en este occidente que proclamamos tan libre las mujeres llevamos en mayor o menor medida un burka invisible: el de la obsesión por la estética, el de los cánones que nos marcan y, que sin quererlo, nos obsesionan, el comentario constante sobre la delgadez, las tallas, la alusión al cómo te vistes, si te maquillas o no, si la niña tiene que vestir de este color y forma, si no lleva pendientesDesde pequeñas tenemos que estar divinas, llevar lazos, vestidos, pendientes, horquillas, moñitos,  identificarnos con las princesas de los cuentos, con las niñas de los dibujos, las series, las películas… que constantemente nos invitan a reproducir el sistema y la desigualdad, y que nos ofrecen comportamientos y roles a los que todos y todas tenemos que plegarnos sin más.  Las religiones imperantes en occidente son claramente machistas y misóginas y constantemente tenemos que ver cómo se les presta un lugar para opinar a miembros del clero haciendo comentarios absolutamente inaceptables sobre la mujer y cómo influyen en las decisiones de los políticos. Si hasta hemos traducido “affirmative action”  por el peyorativo término “discriminación positiva”.

Es verdad que en España una maestra ya no tiene que firmar un contrato como a principios del siglo XX, en el que se le prohibía salir a determinada hora, estar con hombres, o se le decía cómo vestir y comportarse. Es verdad que ya no tenemos que pedir permiso al padre o al marido para viajar, salir de casa o pedir un crédito, pero por detrás del funcionamiento aparentemente igualitario, hasta en quienes nos consideramos feministas, subsisten sin quererlo prejuicios, gestos, expresiones, palabras, represión, comportamientos , tratamientos  y formas de relacionarnos que son machistas y que debemos eliminar. Pero también nos hace daño un feminismo malentendido que lo único que quiere es que las mujeres alcancemos el lugar de los hombres y reproduzcamos este sistema patriarcal y corrupto. La mujer no es esto o aquello si no lo que cada una quiera ser, lo importante no es que nos exploten igual que a los hombres, si no unirnos para acabar con la explotación general, lo importante no es si hay más mujeres en las cotas de poder, sino que podamos alcanzar lo que deseamos  desde una situación de igualdad real, en la mente, en la teoría y en la práctica.

No hemos roto nuestras cadenas para que nos pongan las mismas que a los hombres, si no para ser verdaderamente libres en un mundo en el que lo importante no sea ser hombre o mujer si no la dignidad y aquello que cada una quiera llegar a ser. Y puesto que la explotación a la que estamos sometidas es aún mayor y más profunda, 

¡LAS MUJERES DEBERÍAMOS LEVANTARNOS CON MÁS FUERZA

Y SER DOBLEMENTE REVOLUCIONARIAS!

Comments

comments

Share.

7 comentarios

  1. Luis Martín Guerra on

    buena reflexión y un camino hacia la normalización: que “lo importante no sea ser hombre o mujer sino la dignidad y aquello que cada uno quiera llegar a ser”… ¡ADELANTE!

  2. Pingback: zobacz

  3. Pingback: www.StarsWithoutMakeup.Org

  4. Pingback: zbiorniki hydroforowe

  5. Pingback: visit the following webpage

  6. Pingback: justin beiber

  7. Pingback: www.yourwebsite.com

Leave A Reply