NELSON MANDELA Y SUDÁFRICA

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Nunca, nunca y nunca otra vez debería ocurrir que esta tierra hermosa experimente la opresión de una persona por otra.

Nelson Mandela nació en un país donde el color de la piel marcaba el destino de una persona, fue un luchador incansable por la libertad, con una voluntad de hierro, quiso acabar con la dominación de una raza sobre otra, buscando, según sus propias palabras:  “…una sociedad democrática en la cual todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades, un ideal que me hace querer vivir para conseguirlo pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Hijo de un jefe de tribu, Rolihlahla Dalibhunga Mandela, que significa “alborotador”, fue llamado Nelson, más adecuado para la sociedad blanca. Estudió derecho en el Fort Hare University College de Alice, en El Cabo, una institución académica reservada a estudiantes no blancos. Tras sus estudios se trasladó a Johanesburgo y allí se vio como un hombre negro en una ciudad extraña, descubrió el racismo y la falta de libertad  que se respiraba y empezó su lucha pora acabar con una sociedad que discrimina según la raza.

Dentro del Congreso Nacional Africano ascendió lentamente y ayudó en el programa de desobediencia civil sin violencia. Se convirtió en el símbolo de la militancia. En 1961, viendo la ineficacia de la lucha pacífica, asumió la jefatura del brazo armado del ANC, llevando a cabo actos estratégicos de sabotaje. Fue arrestado, encarcelado y procesado en varias ocasiones. Finalmente, en 1964 con 45 años, fue condenado a cadena perpuetua por conspiración para derrocar al gobierno; estuvo 27 años encarcelado. Mandela y sus camaradas fueron internados en un módulo de aislamiento para presos políticos en Robben Island, con un régimen muy severo.

En 1976 un brutal aplastamiento de una revuelta estudiantil, con numerosos muertos y  heridos, abrió los ojos al mundo entero y, a medidados de los 80, el cambio era imparable y se pedía la liberación de Mandela, símbolo de la libertad en Sudáfrica. En 1985 se llevaron a cabo reuniones secretas entre el gobierno y Mandela, y fue puesto en libertad el 11 de febrero de 1990. Elegido presidente del ANC, en las primeras elecciones libres de 1994, se convirtió en el presidente de Sudáfrica. A partir de este momento se trataba de iniciar un proceso de reconciliación, sin amargura ni resentimiento y cumplir con las promesas del Freedom Charter: redistribuir las tierras, dar casa a los más de 7 millones de negros sin hogar, trabajo, agua, electricidad y educación… Nada de esto se consiguió. Las negociaciones económicas fueron gestionadas por Thabo Mbeki, que traspasó el control a supuestos expertos imparciales del FMI, el Banco Mundial, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), y el Partido Nacional, allí se reveló que las élites blancas concentraron su energía en salvaguardar la riqueza acumulada durante el apartheid. Embebidos en el Consenso de Washington, se trasmitía que sólo había una forma de dirigir la economía: un programa neoliberal para Sudáfrica que proponía más privatización, recortes en el gasto público, «flexibilidad» laboral, mayor libertad comercial, e incluso, controles más laxos sobre los flujos monetarios. El ANC no supo defenderse de este plan y las cláusulas económicas del Freedom Charter no llegaron a implantarse.  El 70 % de tierra sigue en manos del 10% de blancos y se venden activos nacionales para devolver las deudas adquiridas por los opresores, impidiendo invertir en reformas sociales. Eliminada la reforma económica del cambio político, el pueblo sudafricano disfruta del derecho de sufragio y de otros derechos fundamentales, pero se ha desvelado  como la sociedad con mayor desigualdad del mundo.

 

 

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