Mamá, quiero ser curvy

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María Muñoz Barea.- ¿Fofisana? ¿Gordibuena? ¡A ti qué coñdemonios te importa! Todos estos simpáticos apelativos y más los encontraremos en el fenómeno curvy, fenómeno real como la vida misma que nos persigue últimamente (y más en estas señaladas y derrochadoras fechas) allá a donde nos dirijamos.

Y es que, en éste último año tiendas como Mango (Violet) o Asos han sacado líneas curvy (como el propio palabro indica, para chicas con curvas) en sus tiendas para aquellas (y no aquellos) que, desgraciadamente, gastamos más de una 42. ¡Oh, Dios de la Moda, qué habremos hecho para merecer esto!

Modelos como las estadounidense Ashley Graham promueven campañas e iniciativas como Beauty Beyond Size (“Belleza más allá de la talla”), iniciativas que tienen como objetivo principal querernos a nosotras mismas, aceptarnos tal y como somos, que las curvas son bonitas y demás parafernalia que nunca se había dicho/oído antes: todo esto, a propósito, manteniéndonos siempre guapas. Guay, perfecto, sublime, hasta ahí todo bien. Todo fetén hasta que llegamos a una de esas maravillísticas tiendas, y ¡vaya! nos encontramos con que existe una zona, un área cuidadosamente milimetrada de ropa curvy que se distingue perfectamente de las demás prendas para mujeres “normales”, no vaya a ser que alguien se pierda y se equivoque de sección. Eh, pero quiérete, tú eres mucho más que una talla, estate orgullosa de tu cuerpo. ¡Pero si no nos dejáis, bastardos!

La humillación es real, y estamos hartas de que se nos etiquete una y otra vez: primero éramos gordas; más tarde, tallas grandes; ¿y ahora, curvys? Interesante, nosotras que pensábamos que sencillamente éramos mujeres… Asín está la cosa.

Ashley Graham en la presentación “America’s Next Top Model” este 9 de diciembre

Por otro lado, me gustaría plantear una pregunta a todas esas modelos que tanto defienden todo lo plus size: ¿acaso no os habéis percatado, todavía, de que sois víctimas de vuestra propia trampa? No, compañeras, no es oro todo lo que reluce: seguís siendo carne fresca para ese capitalismo atroz disfrazado de industria textil. Se sigue aprovechando de vosotras, y les importa tres mierdas pepinos que tengáis una 32 como una 46: SOIS UN PRODUCTO, SU PRODUCTO. Ni más ni menos, la modelo Graham participará, próximamente, en el programa America’s Next Top Model (“La próxima top-model de América”) como jurado, lo que nos lleva a reflexionar sobre ciertos puntos. Que alguien nos explique, por favor, qué hace una modelo curvy participando en un programa que impulsa valores contra los que ella misma lucha. Pero Graham, ¿no nos decías que la belleza estaba más allá de una talla? ¿Los trastornos obsesivos-compulsivos, alimenticios o la extrema delgadez te parecen, de repente, una buena idea? ¿Qué está pasando aquí? Lo que está pasando, señoras y señores, es lo que venimos denunciando en las líneas anteriores. Caíste en tu propia trampa, Graham, vuelves a ser un artículo bonito de otro catálogo de moda más, y ahora, para colmo, un producto televisivo estadounidense. Fenomenal.

Con esto no se pretende hacer una crítica directa a esta chiquilla, si no hacer una llamada al sentido común. No defiendas valores que tú misma acabas destruyendo, as simple as this. No queremos gustaros con curvas, no queremos gustaros sin curvas, no queremos gustaros con abdominales, no queremos gustaros cuan Gracia de Botticelli: no queremos gustaros, queremos gustarnos. Una sociedad que perpetúa la imagen de la mujer, ya sea con más peso o menos, como imagen de escaparate, es una sociedad que legitima el machismo más casposo y tradicional.

Aunque lo siguiente para muchos roce la demagogia barata –así semos las feminazis-, nosotras, las mujeres, no somos flacas, no somos gordas, no somos modelos, no somos curvys y no somos skinnys (ni demás anglicismos pedantes): queremos ser mujeres y queremos dejar de ser juzgadas. Juzgadas por los nuevos e innumerables cánones de belleza que resurgen de las cenizas y que limitan nuestra libertad cada vez más.

No obstante, está claro que cada vez existe una conciencia más potente sobre este tema y que se está intentando crear, de algún modo, una nueva visión sobre la confianza en una misma, lo que es indudablemente positivo. Así que, podemos pensar que esa transición entre ser gorda y curvy es un paso hacia delante… ¿o no? ¿O es, simplemente, un mero eufemismo para que consumas más tranquila en tu área cuidadosamente milimetrada? Desde luego es un fenómeno que va a seguir creando un inmenso eco en la sociedad y que va a dar mucho de qué hablar entre los grupos feministas y los no-tan-feministas.

Para corroborar que no estamos locas, y para vuestro deleite, os dejamos el último anuncio de la campaña otoñal de HyM que no tiene ningún desperdicio: la publicidad y venta de lo “fuera de lo normal”. La tiranía de los centímetros debe ser abolida de raíz.

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