La nueva línea 3 y el IKEA

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David R.-  La semana pasada, el Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid ha inaugurado la nueva línea de autobuses “3” en nuestra localidad. Dicha línea inició su servicio el mismo día que se abría la nueva tienda de la multinacional sueca IKEA, y no era algo casual. El recorrido va desde Alcorcón Central hasta la sede de la tienda de muebles, de forma totalmente directa y casi sin paradas. La línea es anunciada por la tienda desde Príncipe Pío, donde anima a los clientes a usarla.

Con todos estos puntos, es evidente que el nuevo servicio de transporte ha sido creado única y casi exclusivamente, para dar servicio al nuevo centro comercial. Puede parecernos positivo que se fomente el uso del transporte público para prestar servicio a zonas con grandes afluencias, ¿pero es ético crear un servicio público para el beneficio de una empresa privada?

Escapa de toda lógica que un gobierno, autoproclamado liberal, decida beneficiar de esta manera a una parte tan concreta del sector privado. No era tan difícil que esa línea, además de pasar por la tienda de muebles, hubiese continuado por zonas que necesitan esa cobertura de transporte. Ni siquiera está pensado para que los vecinos o trabajadores locales vayan allí, ya que tienen que desplazarse en primer lugar a Alcorcón Central y posteriormente tomar la nueva línea. Es algo pensado para el comprador masivo que viene desde la capital. Un servicio de lanzadera a costa del contribuyente, para el beneficio de una empresa que ni siquiera es local. Una decisión, como en muchas otras ocasiones, política y no técnica.

La experiencia nos indica que los medios de transporte se tienen que planificar con mucha antelación, a medida que crece la ciudad y de forma eficaz. En Holanda, los ingenieros y urbanistas diseñan las redes de transporte público a 50 años vista, favoreciendo el mallado de la red y la eficacia en la diversidad de medios de transporte. Decidir el trazado de un servicio por caprichos comerciales o para conseguir los votos de un barrio antes de las elecciones es una estrategia totalmente errónea.

Alcorcón tiene ciertos problemas de transporte que se solucionan escuchando a la ciudadanía y confiando el trazado a técnicos expertos. Todo el casco viejo es una bolsa aislada del transporte público. El uso de pequeños autobuses de barrio (como en el barrio de Lavapiés de Madrid), podrían añadir una conexión rápida y necesaria por calles como Mayor o Cisneros. Después pueden continuar hasta el IKEA, pero ya sería un servicio para los ciudadanos. La ampliación de las líneas 512 y 513 hasta Puerta del Sur también se hacen muy necesarias para el mallado de la red y la conexión rápida entre diversos medios de transporte.

El transporte público debe convertirse en la columna vertebral de una ciudad tan densa y tan contaminada como la nuestra. Una superposición de redes que conecte a la ciudadanía entre sí. No podemos permitir que se convierta en un instrumento comercial.

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