Las plantas y su revolución médica

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Caléndula-tomando-el-sol-en-AlcorcónJavier F.- Las plantas han venido usándose con fines curativos desde el inicio de los tiempos. Los primeros homínidos ya las empleaban y, desde entonces, han acompañado al hombre a lo largo de su evolución.

Los papiros hieráticos (aprox. 3000 a.C) mencionan un gran número de especies botánicas usadas en cataplasmas y muestran una estructurada farmacopea egipcia.

En Mesopotamia, los Sumerios con su escritura cuneiforme ya escribían en sus tablas listas de drogas y sus usos.

En China, el emperador Shemmeng (2697 a.C) ordenó realizar un compendio farmacológico y llegó a reunir 8000 fórmulas. La medicina moderna ha heredado algunas como el té, ginseng o el alcanfor.

En la Grecia clásica, cuna de la medicina moderna, Hipócrates categorizó los remedios en función de sus propiedades. En la época romana, Dioscórides (médico de Nerón) compiló en 5 tomos su Materia Médica, compuesta por plantas recogidas de la cuenca mediterránea.

Siglos después, los árabes supieron realizar operaciones de laboratorio, dando lugar al inicio de la química (alquimia). Avicena, en su Canon de la Medicina cita 800 remedios vegetales y minerales.

En Europa, a principios del s. XV, comienza la construcción de las bases de un sistema botánico científico, gracias a las traducciones que se tenían de manuscritos griegos y romanos. En el s. XVI, Paracelso introdujo la química en la terapéutica y André Mattioli escribe uno de los herbarios más importantes de la historia. A partir de este momento, el arte de curar por medio de las plantas va convirtiéndose en una moderna farmacología. Se empezaron a estudiar los principios activos por separado, a catalogarlos y a fabricarlos en una naciente época industrial.

Actualmente las industrias farmacéuticas falsifican muchos de los principios activos que la naturaleza lleva dando al hombre desde sus inicios, con la finalidad de convertir la salud en el tercer negocio más fructífero de la historia. Aún así, no siempre lo consiguen. Un ejemplo sencillo es la planta Caléndula Officinalis (vista en muchos jardines de Alcorcón): un verdadero laboratorio químico natural con miles de años de experiencia y evolución. Entre los innumerables elementos que la componen cabe destacar el caroteno, calendulina, licopina, saponina, ácido salicílico, tanino, resina y minerales, que promueven la epitelización de las heridas, tienen una actividad anti-inflamatoria y antiséptica, y cuya tintura es la envidia de las mercrominas y betadines actuales.

 

 

 

 

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