Las mujeres kurdas están liderando una lucha radical que puede desafiar el statu quo

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Marta Jorba y Maria Rodó, feministas del colectivo Gatamaula (resumen artículo).- Recientemente han aparecido noticias en los medios sobre la resistencia kurda contra el Estado Islámico (EI) en Kobanê, y se han visto muchas imágenes de mujeres de las Unidades de Defensa de Mujeres (YPJ) luchando en esta región kurda. Tal como cuenta, Dilar Dirik, activista en el Movimiento de Mujeres Kurdas e investigadora sobre Kurdistán y el movimiento de mujeres, tras el ascenso del EI, el mundo se ha dado cuenta de que hay mujeres luchando en Kurdistán.

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Muchas personas que desconocían lo que ocurría en esta región se han sorprendido de que las mujeres de una sociedad que se ve como conservadora y dominada por los hombres luchen e incluso derroten a esta organización brutal. Los medios de comunicación capitalistas se han apresurado a apropiarse e instrumentalizar la lucha legítima de estas mujeres como si fueran una especie de fantasía “sexy” al estilo occidental. Han focalizado su interés en elementos muy superficiales como que “los combatientes del Estado Islámico temen a las mujeres kurdas porque si una mujer los mata no van a ir al cielo”. Pero ignoran que este es un tema profundamente complejo y que hay algo más que lucha armada en este conflicto. Lo que hay es un proyecto político de emancipación radical.

Las YPJ son las fuerzas de defensa de las mujeres, pero hay una lucha mucho más amplia que va más allá del campo de batalla. Yekîtiya Star es la organización paraguas del movimiento de mujeres en Rojava (Kurdistán occidental / norte de Siria). En los tres cantones de Rojava –en medio de la guerra– se cumplen las normas de copresidencia (todos los cargos están compuestos por una mujer y un hombre), de cuotas y se han creado unidades de defensa de las mujeres, consejos de mujeres, academias, tribunales y cooperativas. Las leyes tienen como objetivo eliminar la discriminación de género. Por ejemplo, los hombres que ejercen violencia contra las mujeres no pueden ser parte de la administración. Uno de los primeros actos del gobierno fue la criminalización de los matrimonios forzosos, la violencia doméstica, los asesinatos por honor, la poligamia, el matrimonio infantil y el “precio de la novia”. No sorprende que muchas mujeres árabes, turcas, armenias y asirias se unan a las filas armadas y a las administraciones en Rojava. El objetivo es asegurarse de que la sociedad internalice el hecho de que la liberación de las mujeres es un principio básico para la liberación y la democracia en lugar de ser sólo responsabilidad de las mujeres. La revolución debe cambiar la mentalidad patriarcal de la sociedad. De lo contrario, la historia se repetirá y las mujeres, que han participado activamente en la revolución, lo perderán todo una vez se logre la “liberación”. Esto es lo que les ha pasado a muchas mujeres en otros lugares del mundo. Por esto, el concepto de revolución debe incluir activamente al 50 por ciento de la población si pretende conseguir una libertad verdadera.

Hay muchas cosas que se pueden aprender de la experiencia de Kobanê, Rojava y la lucha de las mujeres kurdas. Sobre todo para las feministas, esta resistencia debe proporcionar nuevas perspectivas sobre las diferentes maneras en que las mujeres, especialmente en una región tan feudal-patriarcal, pueden emanciparse. Las mujeres en Rojava también llevan a cabo una revolución social, están liderando una lucha radical que puede desafiar el statu quo más allá del estado de sitio impuesto por el Estado Islámico. En muchos sentidos, esta lucha de las mujeres en Rojava ha roto los estereotipos orientalistas de las mujeres de Oriente Medio como pobres víctimas que están perdidas. Pero quizás lo más importante es que el mundo ha aprendido una cosa: que hay esperanza incluso cuando estás completamente rodeada por la oscuridad de la bandera de EI. Que otro mundo es posible. Esta fortaleza debe reavivar la esperanza en un Oriente Medio desgarrado por las guerras injustas, las tensiones étnicas y el sectarismo. La democracia independiente y la paz sostenible son posibles. La libertad no es una utopía. Y se ha visto que tener que escoger el “menos malo” no es la única opción, en contra de lo que el contexto de la Primavera Árabe hacía pensar.

Podéis leer el artículo completo en: www.pikaramagazine.com

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