Las maquilas. Una forma de esclavitud en México

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Zelig.- Dentro del proceso de reestructuración del capital a escala global, que está significando la desvalorización del trabajo en el mundo, las grandes empresas transnacionales han impulsado una gran ofensiva en contra de los trabajadores para reducir el costo de la mano de obra.

Sus planteamientos son introducir la flexibilidad de trabajo y la segmentación en los procesos productivos, para aprovechar las diferencias salariales entre países, como pasa en México con las maquiladoras.

Las Maquiladoras son unas industrias manufactureras muy peculiares, cuya actividad se concentra en el ensamblaje, transformación y reparación de componentes destinados a la exportación; y gozan de un régimen fiscal especial  que les permite importar sin pagar aranceles.

La industria maquiladora surge en México en 1964, su objetivo es dar trabajo permanente a los trabajadores temporales que cruzaban la frontera para trabajar en los campos agrícolas del  sur de EE.UU.

La mayoría de estas empresas están radicadas en los estados fronterizos del norte de México. Sus trabajadores son especialmente mujeres (más de un 76%).

Las características especiales de estas empresas son los bajos salarios. Según un estudio de Anne Vigna sobre las condiciones de trabajo de estos trabajadores, en el año 2009 cobraban poco más de un dólar por hora trabajada, para una jornada laboral semanal de por lo menos 48 a 50 horas.  Si en la cadena de montaje se les rompe una pieza se les descuenta el importe de la pieza defectuosa, además está prohibida la constitución de sindicatos, practicándose el pistolerismo y hasta el secuestro.

Las trabajadoras son utilizadas como piezas de repuesto desechable sin consideración alguna, no solo por sus derechos laborales, sino por su salud debido a la falta de normas básicas de seguridad industrial.

El último hallazgo de estos empresarios es el llamado paro técnico, que consiste en parar la producción durante unos días sin abonar los salarios a los trabajadores.

Esta forma de trabajo es propia de lo que actualmente se conoce como moderno-trabajo-esclavo. Esta esclavitud nos es una lacra del pasado, sino es consecuencia del sometimiento  de los políticos al capitalismo darwinista, que va apoderándose de un mundo en el que la democracia representativa ha sido sustituida por una plutocracia, donde los inversores institucionales y sus corporaciones dictan las políticas públicas.

Desde esta perspectiva es increíble que después de más de 160 años, las similitudes entre la clase obrera de la Inglaterra de 1845 y la mexicana de la actualidad sean tan semejantes, tanto que esta última se podría perfectamente desarrollar en los escritos de Charles Dickens sobre la Revolución Industrial en Inglaterra.

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