La violencia policial se incentiva, se entrena, se ordena y… se indulta

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N.S.— Hace unos días no pude dar crédito a la noticia del “doble indulto” de los Mossos d’Esquadra que fueron condenados por torturas, ignorando el Gobierno la sentencia y la oposición a dicho indulto por parte de la Audiencia de Barcelona y la fiscalía, así como el manifiesto de doscientos jueces reprochando al Gobierno este abuso de poder.

Los hechos tuvieron lugar en julio del 2006. Según la sentencia, los agentes, sin identificarse y sin leerle sus derechos al detenido, se abalanzaron sobre él, le zancadillearon, lo arrojaron al suelo y le golpearon por todo el cuerpo, al tiempo que le pisaban la cabeza y le agarraban por el cuello para impedir que gritara. Uno de los procesados le introdujo su pistola en la boca amenazándole de que, o confesaba, o le tiraban por un barranco. Los agentes continuaron golpeando al detenido, desoyendo sus advertencias de que era hemofílico, lo que posteriormente se comprobó como cierto. Al día siguiente el detenido fue puesto en libertad al comprobar los policías que habían cometido un error de identificación, con las disculpas de dos de los agentes que le acompañaron a su casa.

Por la contundencia y la claridad de los hechos, los cinco Mossos d’Esquadra denunciados fueron condenados a penas de prisión de más de dos años e inhabilitación profesional.

En el primer indulto el Gobierno rebajó la pena a dos años de prisión; y en este segundo indulto, para que no tuvieran que cumplir cárcel, les conmutó las penas por una única de “suspensión de empleo”. Esto permite que los Mossos puedan reingresar al cuerpo si prometen no cometer ningún delito doloso en cinco años.

Después de leer esto pensareis “qué injusto”, “no tiene sentido”. Eso pensaba yo hasta que escuché la noticia de que el S.U.P. (Sindicato Unificado de la Policía) denuncia que los mandos instan a disparar balas de goma a los manifestantes directamente al cuerpo. Concretamente, en el Centro de Linares (Jaén) durante el entrenamiento de las Unidades de Intervención Policial (U.I.P.) uno de los mandos insistió permanentemente en que había que ser más contundentes y en dichas instrucciones se les ordenó a los agentes dispararse entre ellos a una distancia menor de la permitida y directamente al cuerpo, y no al suelo como manda el protocolo. La consecuencia de este entrenamiento fue que ocho agentes resultaron heridos, de diversa consideración, en rodillas, ojos y testículos. Para el SUP esto supone “una barbaridad que pretende establecer prácticas de actuaciones ilegales y peligrosas para los ciudadanos, pudiendo conducir a lamentables consecuencias, tanto con graves lesiones físicas para las personas, como en desprestigio del Cuerpo Nacional de Policía.”

Quizá —pienso yo— el Gobierno está buscando que haya un muerto en alguna manifestación, sea ciudadano o policía, y distraer la atención justificando actuaciones futuras de más contundencia hacia quienes se manifiesten. O quizá busca que la policía sea el escudo, soporte y receptora de una parte del gran malestar social existente por las políticas que aplica.
Sólo así se puede entender que el Gobierno indulte una bárbara actuación policial: ellos también la entrenan, la ordenan y la incentivan.

 

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