la pirateria no perjudica a la cultura

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las descargas no perjudican a la culturaV. H. Ospina.- La industria cultural es una de las industrias más influyentes del mundo. Como cualquier actividad económica de referencia en las economías, tiene la posibilidad de presionar sobre los gobiernos para que legislen en favor de sus intereses. Desde hace unos años, ha centrado su estrategia en convencer a los representantes públicos de que la piratería perjudica gravemente las ventas de los productos culturales. Hollywood, por ejemplo, jugó un papel crucial para que el gobierno de EEUU cerrara la web de descargas Megaupload y para que detuviera a su fundador, Kit “Dotcom”. Ha logrado que la Cámara de Comercio de EEUU elabore la “Lista 301”, en donde anualmente se incluyen aquellos países que no respetan la propiedad intelectual. Este informe se ha convertido en el arma de chantaje y de castigo de la industria cultural estadounidense a aquellos países que no han aprobado aún una ley para evitar la piratería.
Según los documentos filtrados por Wikileaks en 2010, España era uno de los objetivos de EEUU para que el Gobierno aprobara una ley como pedía la industria. A pesar de que el Zapatero se negó en un primer momento, terminaría aprobándola en 2011. Dos años después, la ley, que llevó el nombre de la ministra Sinde, no ha servido para nada: lo usuarios siguen descargando, el Tribunal Supremo ha invalidado una parte de la ley y el ministro José Ignacio Wert ya tramita otra ley.
El lobby ha encargado estudios para demostrar que la piratería afecta gravemente a la producción de contenidos. Según un trabajo realizado en 2010 por la consultora Tera Consultants y auspiciado por la industria cultural, señalaba que la piratería provocó pérdidas de 10.000 millones de euros y una destrucción de más de 185.000 puestos de trabajo. No obstante, un estudio realizado por la prestigiosa universidad London School of Economics concluía que no había relación entre la piratería y la crisis que atraviesa la cultura. Explicaba que Internet ha posibilitado que se abran más canales en donde los productores pueden vender sus contenidos, como Youtube, Spotify o los libros electrónicos. Llegó a sentenciar que Hollywood, la gran precursora de le leyes antipiratería, ha batido el récord de beneficios en taquilla con 25.700 millones de euros en 2012, un 6% más que en 2011.
Miguel de Unamuno creía en la cultura para que los pueblos alcanzaran la libertad. Lo que pretende la industria con la connivencia tácita de los gobernantes (la exministra de Cultura fue finalista del Premio Planeta 2013 dotado con 150.000€, que fue visto como un guiño de la industria editorial) es que la producción esté en manos de aquellos que sean capaces de pagar los precios actuales. Algo que conlleva inherentemente a que la cultura esté en manos de una pequeña élite de la sociedad.
De nada sirve criminalizar a los usuarios. De nada sirve legislar a puerta cerrada, sin llegar a consensos con los principales actores sociales. Es la industria la que tiene que adaptarse a las necesidades de la sociedad y encontrar un equilibrio idóneo entre lo que se debe pagar y lo que se puede pagar. Y la solución está ahí fuera: la fiesta del cine en octubre puso en evidencia que la sociedad está dispuesta
a pagar por la cultura si los precios son asequibles.

 

 

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