La pintura marginal para visibilizar a los olvidados de la historia

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Niños comiendo melón y uvas

Niños comiendo melón y uvas, Bartolomé Esteban Murillo, Pinacoteca de Múnich, 1650.

María Ginés Ramiro (Historiadora del Arte y profesora de Secundaria).- A lo largo de la historia, el arte ha constituido una poderosa herramienta para perpetuar a los vencedores, las clases empoderadas, los reyes y los triunfadores, de quienes conocemos nombres, fechas de nacimiento y muerte, así como sus principales conquistas y hazañas. En definitiva, se ha consolidado un arte al servicio de las élites. Sin embargo, ha permanecido en el anonimato una parte importante de la sociedad; nos referimos a las clases empobrecidas, los marginados, los delincuentes, aquellos que libraban una lucha para su propia supervivencia. Es en el siglo XVII cuando aparecen los escasos ejemplos artísticos que dan visibilidad a esa parte marginal de la población que bañaba las calles de España durante esta época, catalogada por los historiadores como decadente y conflictiva. Estas pinturas constituyen, por un lado, un medio documental inmediato que expresa a la perfección la ruinosa situación que vivió la población española.Por otro lado, conforman ese alter ego de los nobles y cortesanos de la época que bien conocemos a través de sus ilustres retratos. No obstante, la presencia de estos lienzos en España no fue corriente y esto pudiera deberse a la escasa clientela que demandaba este tipo de obras; en ellas se reflejaba el ambiente de humildad, pobreza y recesión social del momento, una realidad remota al sector burgués, que era el principal cliente. De hecho, las implacables palabras que dedica Vicente Carducho, tratadista contemporáneo, ilustran a la perfección lo que significaban en la época estas pinturas:

“(…) tantos cuadros de bodegones con bajos y vilísimos pensamientos, y otros de borrachos, otros de fulleros, tahúres y casos semejantes sin más ingenio ni más asunto que habérsele antojado al pintor retratar cuatro pícaros descompuestos y dos mujercillas desaliñadas, en mengua del mismo arte y poca reputación del artífice. (…)”

El siglo XVII español nos deja un escaso legado de ejemplos pictóricos que reflejan la desoladora realidad del momento a través de autores de la talla de Velázquez o José de Ribera. Sin embargo, lo primero que nos viene a la cabeza cuando hablamos depintura de género barroca,son los diversos cuadros elaborados por Bartolomé Esteban Murillo en los que representa la humilde condiciónniños y adolescentes que protagonizan sus obras, asemejándose a esa figura típicamente española como es el pícaro, que vive al margen de la ley y la normativa social y que subsiste a partir de prácticas de engaño e indigencia.Él es el autor de Niños comiendo melón y uvas, realizada hacia el 1650, un ejemplo brillante que materializa la situación de pobreza generalizada de la época. Hemos sabido que durante la epidemia de peste de 1649 que asoló la ciudad de Sevilla, ciudad natal del pintor, multitud de menores deambulaban por las calles alimentándose a partir de aquellos enseres que las amas de casa depositaban sobre sus ventanas, evitando, en cualquier caso, que los niños entraran en su propiedad y existiera la posibilidad de contagio.El realismo de la obra, no solo representado en las figuras, sino también en los objetos, el acusado tenebrismo que ensombrece el fondo y sus rasgadas ropas y sucios pies,participande la escenografía dramática que representa a dos humildes muchachos pertenecientes a la más empobrecida facción de la época. Murillo, a través de sus amables pinturas, consigue despertar en el espectador cierta ternura con la tonalidad alegre y el ambiente desenfadado en el que representa a dos niños que, ajenos a su condición de pobreza, disfrutan de su comida. El autor da visibilidad a una parte de la población olvidada, que sufrieron directamente las consecuencias de una crisis generalizada, materializando a partir de su obra la escarnecedora situación que vivió la España del siglo XVII.

“¿Habría podido nacer el pícaro […] en un país distinto al nuestro? ¿En un país que hubiese conocido una vida económica desarrollada, donde no hubiese existido una distancia entre los poderosos y las masas desheredadas de la fortuna? […]

 

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