La memoria selectiva y la memoria histórica

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Wuming1521.- Nuestra cabeza puede tener una capacidad ilimitada en determinados ámbitos, pero su capacidad de almacenamiento es ciertamente limitada. Frente al bombardeo constante de información, nuestro cerebro manda gran parte a una especie de almacén donde queda latente. Esta información no se pierde para siempre, y es recuperable, de forma “similar” a los archivos que borramos en un ordenador y mandamos a la papelera de reciclaje. WEB blogs.grupojoly.com

Existen muchos motivos conscientes e inconscientes para mantener en la “papelera de reciclaje” los sucesos pasados, también aquellos de naturaleza política. La derecha, que se repite machaconamente y utiliza de forma rastrera (para sacar votos), el sufrimiento de las víctimas del conflicto vasco; no tiene ninguna consideración respecto a otras víctimas que no les dan votos. Han frivolizado respecto a los derechos que tienen los familiares de represariados durante el franquismo. Hablan del miedo que han pasado ciertas personas con cierta ideología en cierto país. Pero nunca hablan del miedo que pasan otras: migrantes, gays, lesbianas, jóvenes con estética asimilable a ideología anarquista o comunista, etc.

Hace poco tiempo, en el barrio de Legazpi, han tatuado con un cuchillo el número 88 (que simboliza el saludo nazi Heil Hitler), en el brazo de un compañero del barrio de procedencia extranjera. Esto no es una novedad, estoy lleva pasando desde hace muchos años. La ultraderecha asesina, amenaza y aterroriza a los colectivos mencionados. Para tener miedo no hacía falta subir a Hernani. El miedo está mucho más cerca.  Y ese miedo es consentido por esa honorable gente a la que le encanta rasgarse las vestiduras ante la violencia de unos, y mira a otro lado ante la violencia de sus amigos radicales,  ¿por qué no condenan esos asesinatos y esa violencia? Es una cuestión de memoria selectiva, sin duda. Dicen cosas del tipo: “Hay que enterrar ciertas cosas del pasado”, porque “no sirve de nada remover los recuerdos dolorosos”, porque se abren conflictos  derivados de heridas mal cerradas. Es difícil utilizar una misma vara de medir para los desmanes de las dos partes implicadas en un conflicto, sea de la naturaleza que sea; porque la ideología se mete por medio, y la objetividad es realmente complicada. La memoria selectiva de una parte funciona a la inversa que la de la otra.

De todo esto, se deriva lo siguiente; o se olvida todo, o se remueve todo. O se condena todo, o no se condena nada. Parafraseando a Alfonso Sastre, nunca habrá paz, cuando una parte disuelve a la otra en un mar de condenas. Ambas partes de un conflicto deben asumir ciertas cosas, y a partir de ahí, quizá se pueda hacer algo.

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