La marca España

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Alfredo Abrisqueta.-  En cualquier país ocurren hechos extraordinarios y nadie lo duda. Sin embargo, cuando intentamos pensar o definir qué tipo de país es España, y sobre todo ahora que está de moda vender la “Marca España”, no hay palabras políticamente correctas para describir la jarana existente desde los Pirineos hasta las Islas Canarias.

En un país donde la corrupción no es castigada severamente acaba siendo la norma de todo buen político. Es obvio, ya que cualquiera “sale de rositas” tras ganar unos millones defraudando a Hacienda. Por otra parte, para ser periodista de un gran medio de comunicación debe, por norma, olvidarse de lo que aprendió en la facultad para convertirse en esclavo del entretenimiento masivo. En efecto, aquí apenas se informa de lo más relevante, al contrario, en estas tierras quijotescas se entretiene al tele-vidente, oyente o lector mediante la algarabía de los debates sobre la vida ajena y demás nimiedades.

Sin olvidarnos de los deportes que paralizan un país entero, el opio de España, el fútbol. En los días de Marx, era la religión el opio del pueblo. En la actualidad es más cristiano, Ronaldo, que el Papa. Es más mesías, Messi, que Jesús. Pretendo denunciar no la falta de espiritualidad de España, que para nada me preocupa, sino la falta de seriedad, sensatez y cordura. Porque si están lloviendo hostias del cielo no hay paraguas que aguanten ni capuchas que amortigüen.

La “Marca España” simboliza los intereses oligarcas de este país y por ese motivo, todo el mundo, debe comportarse correctamente de puertas afuera mientras que las personas se van quedando en la puta calle de puertas adentro. Porque si un país es su gente y su gente vive en la calle ahogada en la extrema pobreza, entonces España, es un país que no se diferencia para nada de otros países tercermundistas.

Pero para nada nos quedamos cortos cuando en medio de la tormenta, descaradamente la imagen del presidente de la patronal es más atendida por los medios que los enfermos que entran por los hospitales desvalijados. Y yo me pregunto, ¿por qué no votamos a los grandes bancos o las grandes multinacionales? En un sistema capitalista quien manda no es el demócrata elegido legalmente sino quien acumula mayor capital ilegalmente. Preguntadle a Botín a ver qué opina.

Y puedo seguir contando historias sobre España, ya que del cuento viven muchos y precisamente héroes no son. Seguramente mis nietos se conmoverán cuando les cuente que en mis tiempos los grandes líderes eran elegidos por sus eslóganes y trajes, en vez de por su capacidad de tomar justas decisiones. Pero se conmoverán mucho más cuando sepan que los ciudadanos, mis paisanos, quedaban ridículamente estafados por un presidente que nos llevó a la guerra, por otro que no tenía ni puta idea de economía y por último, el que recortaba la dignidad valientemente detrás de una pantalla plana de televisión.

Es en este país donde se predica la “Marca España” desde las porras metálicas de los perros hasta el cinismo puro de nuestros gobernantes y oligarcas. Un país que rescata al rico mediante los impuestos de los pobres. Un país hundido en el paro y el exilio de sus jóvenes. Un país inhabitable que se vende por sus playas y chiringuitos, pero… ¡qué demonios!, al fin y al cabo somos los putos amos del fútbol y eso es lo que importa. ¡Qué viva la “Marca España”!

 

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