Guayana: el sistema neocolonial francés en crisis

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Sara Álvarez Pérez.- La Guayana es un departamento francés de ultramar situado en la costa norte de Sudamérica, fronterizo con Brasil al este y al sur, así como con la antigua colonia holandesa de Surinam al oeste. La gestión de Guayana que se extiende sobre 84.000 km2 y cuenta con 250.000 habitantes depende del Estado central, así como de la prefectura situada en el propio departamento; es decir, su estatus administrativo es exactamente el mismo que el de los departamentos de la «metrópoli» o del «hexágono» (términos empleados en francés para referirse a la Francia continental, con respecto a sus departamentos y territorios de ultramar).

pintada ministerio de colonias

Pintada en el Ministerio de Ultramar, redenominado «Ministerio de las Colonias». Foto: Sara Álvarez Pérez

La Guayana fue colonizada en el siglo XVII, y desde entonces ha sido utilizada principalmente como destino penitenciario con los famosos «relegados», es decir, prisioneros que cumplían penas de solamente 6 meses de prisión, tras los cuales eran liberados con el objetivo de convertirse en colonos. Estas colonias penales fueron clausuradas en los años 50 del siglo XX, pero sólo los prisioneros que pudieron costear su regreso a Europa abandonaron la zona, quedándose en ella numerosos ex convictos que continuaron ejerciendo la delincuencia como forma de vida.

Su crecimiento a lo largo del siglo XX ha sido mínimo, y es un territorio fuertemente dependiente de las importaciones, con un alto nivel de desempleo (22,3%, más del doble que en la Francia metropolitana), bajos salarios (un 30% inferiores a los del continente) y unos niveles alarmantes de delincuencia (la tasa de homicidios es 14 veces superior a la del hexágono). El flujo de importaciones de los territorios de ultramar se establece fundamentalmente con la Francia continental, con lo que los productos de subsistencia básicos son, de media, un 12% más caros que en el continente, y este porcentaje alcanza el 45% en algunos artículos de alimentación.

En la actualidad cuenta con un centro espacial, instituido por Charles de Gaulle en 1965, que atrae a trabajadores especializados la mayoría procedentes de la metrópoli, con lo que el impacto en el desarrollo del territorio queda reducido a la aportación de efectivo de las personas expatriadas desde la Francia continental. El 35% de la población de la Guayana es de origen extranjero, principalmente de otros países del entorno quienes se ven atraídos por la posibilidad de obtener una remuneración en euros. La población reside principalmente en la costa atlántica, puesto que la mayor parte del departamento de ultramar está constituido por la selva tropical.

Guayana ha entrado de lleno en la por las elecciones presidenciales francesas cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril, con la convocatoria de una huelga general indefinida para protestar por la falta de recursos y el desinterés generalizado por este territorio por parte de quienes se presentan a esta elección presidencial. Se han organizado diversos colectivos en lucha, como «Los 500 hermanos» que nació tras el asesinato de una persona mientras se resistía a que le robaran el móvil o «Pou la Gwiyann dékolé» («Por el despegue de Guayana», en lengua criolla). Estos colectivos están liderando las protestas y las negociaciones con el gobierno de Hollande, y reivindican principalmente inversiones en educación, sanidad, seguridad ciudadana, infraestructuras y energía, así como el retorno a su lugar de origen de los presos encerrados en Guayana.

La situación sanitaria es crítica, y son numerosas las dolencias que no pueden ser tratadas en los hospitales guyaneses, con lo que quienes tienen recursos se ven obligados a desplazarse a Europa para recibir el tratamiento. Esto es demasiado costoso para la mayor parte de la población, con lo cual el acceso a determinados servicios de salud es inaccesible para la mayor parte de los guyaneses. En educación la situación no es mucho más halagüeña: a la falta de plazas en las escuelas le debemos añadir la inaccesibilidad de las mismas, con lo que el alumnado debe desplazarse a pie bajo un sol de justicia durante kilómetros para asistir a clase cada día. El absentismo escolar es, por este hecho, muy grande, y genera grandes bolsas de jóvenes desinteresados por los estudios. Además, el acceso a la educación superior no ofrece muchas oportunidades, con lo que los estudiantes que quieren proseguir determinadas carreras han de marcharse a Europa. Los problemas también atañen al suministro de energía, con cortes de luz y de agua constantes en determinadas zonas, así como la falta de infraestructuras, que provoca que la duración del trayecto por tierra entre las dos principales ciudades del departamento la capital, Cayena, y Saint-Laurent-du-Maroni, a menos de 250 kilómetros la una de la otra sea en ocasiones superior a la duración de un vuelo Cayena-París.

La primera reivindicación tras el estallido de las protestas fue la negociación directa en el propio territorio de Guayana con miembros del gabinete de François Hollande, negándose a tratar con intermediarios. Tras algunas hesitaciones, el gobierno cedió a estas pretensiones, y envió a negociar al ministro del Interior el recién nombrado Matthias Fekl, que sustituyó hace escasas semanas a Bruno Le Maire, obligado a dimitir tras el escándalo de los empleos ficticios de sus dos hijas y a la ministra de Ultramar, Ericka Bareigts, quienes concedieron el envío de mil millones de euros para paliar los conflictos sociales clave del departamento de ultramar. Esta medida no satisfizo las pretensiones de la población guyanesa, quien considera que esta dotación es insuficiente para paliar los problemas que acucian al territorio, con lo que la huelga general continúa en medio de fuertes protestas que no están exentas de disturbios con las fuerzas del orden. Los colectivos en lucha reivindican una ayuda de 2.500 millones de euros que se destinarían al desarrollo del sistema educativo y sanitario, la energía, la cultura y la seguridad ciudadana. También se han reivindicado mayores niveles de autonomía, con la concesión de un estatus diferente al actual, algo a lo que el gobierno que, recordemos, en breve pasará a ser un gobierno en funciones se ha negado.

A pesar de la conflictiva situación, la campaña presidencial continúa prestando atención a temas que influyen de manera decisiva a la metrópoli, dejando de lado los problemas acuciantes de las poblaciones de ultramar, que no se reducen al conflicto social en curso en la Guayana francesa, sino que se extienden a los altos niveles de desempleo, los bajos salarios y delincuencia en las otras dos posesiones francesas en el Caribe, como son Martinica y Guadalupe, o con el recientemente instituido departamento de ultramar de Mayotte, en el océano Índico, donde la situación es crítica y los niveles de violencia preocupantes.

Muchos habitantes locales de estos departamentos de ultramar sienten cierta animadversión hacia los expatriados franceses, quienes supuestamente son sus conciudadanos, y quienes sin embargo son percibidos como colonizadores que se instalan en el país normalmente con la idea de vivir una experiencia diferente durante un tiempo limitado. La población local considera, asimismo, que las empresas privadas que desarrollan sus actividades en departamentos de ultramar no tienen interés alguno en desarrollar dichos territorios y dejan escasos réditos económicos en la localidad, y ve a los funcionarios que al solicitar destino en los departamentos de ultramar cobran hasta un 40% más de su salario en el continente como representantes de la colonia cuyo único objetivo es vivir una temporada de aventura, además de aumentar sus ingresos.

Estos conflictos de orden neocolonial no parecen, de momento, prever un final satisfactorio para las partes.

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