Espacios no mixtos=lugares seguros y vinculares

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Ana Gil.- La historia se repite una y otra vez, déjà vus que nos persiguen, nos pisan los talones y aparecen de nuevo sin siquiera, darnos cuenta. De nuevo, como en un día cualquiera, un amigo me comparte su incomprensión hacia los espacios no mixtos. “Si queremos luchar por la igualdad deberemos de hacerlo juntas” me argumenta. Parece que el reloj se ha parado en un lugar y tiempo determinados, estancado, no avanza. ¿Por qué es tan complicado de entender? Es relevante que quienes cuestionan estos espacios sean principalmente hombres, y más relevante aún que muchos de ellos, se consideren “feministas”. Vamos a intentar explicarlo una vez más, esperando que esta sea la última…

Hace más de cien años que las mujeres empezaron a reivindicar estos espacios en la lucha contra el capitalismo. Teorizaron sobre el patriarcado, la desigualdad, la opresión y las diferencias para determinar la importancia y relevancia de tener que abordar la relación de poder más extendida a lo largo del mundo, como una opresión más y diferente al capitalismo. No es una lucha exclusiva contra el patriarcado, estamos triplemente al menos oprimidas, teniendo que combatir el capitalismo, la opresión de pueblo, la falta de confianza de nuestros compañeros de lucha…

Son opresiones inseparables, pero se priorizan unas sobre otras, y el patriarcado queda siempre en el olvido. Como dice Isabella Baker, muchos de los análisis críticos del neoliberalismo “se niegan a reconocer explícita o implícitamente que la reestructuración global se produce en un terreno marcado por el género[1].

Estos espacios son real y simbólicamente espacios de liberación de las oprimidas. Si, oprimidas, perseguidas, violentadas, ignoradas, olvidadas, silenciadas… y un sin fín de violencias cotidianas, que a aquellos que tan solo han recibido los privilegios del sistema patriarcal, les cuesta entender. Son espacios seguros, que las mujeres generamos por necesidad y deseo. Espacios donde poder expresarse con libertad, donde establecer arraigo e identidad, donde poder aclarar y reflexionar sobre cómo contrarrestar y luchar contra la opresión que sufrimos como mujeres con total libertad e independencia, sin que nadie nos tenga que decir qué es lo que tenemos que hacer y cómo tenemos que abordarlo. No se trata de una conspiración contra los hombres como algunos lo quieren ver, es un espacio para compartir experiencias de opresión, un espacio para el empoderamiento y la lucha de la mujer contra los miedos y estigmas socialmente impuestos.

Queremos espacios donde la sororidad y el reconocimiento mutuo sean el motor de una sociedad igualitaria, no sólo en espacios compartidos. Necesitamos lugares donde no tengamos que depender de la aprobación o desaprobación de un hombre, de su coacción al tomar la palabra. Queremos sentirnos escuchadas en igualdad, hablar sin presiones ni miedos, mostrarnos tal y como somos. Queremos no tener que explicarlo, queremos que se entienda por sí solo.

[1]             Bakker,I. “Dotar de género a la política macroeconómica en la era de la reestructuración y el ajuste global” en Cristina Carrasco: Mujeres y economía, Barcelona, Icaria, 1999; p.245

Foto: http://www.crearcontuvoz.com

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