¿Es un crimen el Decreto-ley de Sanidad?

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«Hay muchas maneras de matar, se le puede clavar un cuchillo a alguien en el estómago, no curarle de una enfermedad, quitarle el pan, llevarlo a la guerra… Sólo unas pocas están prohibidas en nuestro Estado» (Bertolt Brecht)

Aun a riesgo de que nos consideren alarmistas, creemos comprensible plantear esta pregunta tras analizar algunas de las medidas tomadas por el Ministerio de Sanidad. Desde el 1 de septiembre de 2012 en España se dejará de prestar atención sanitaria ordinaria a los extranjeros mayores de 18 años no registrados, por habérsele caducado el permiso de residencia (o por no estar dados de alta en la Seguridad Social, gracias a los empresarios sin escrúpulos). Esta norma conllevará que dejen de recibir tratamiento por enfermedades crónicas, lo que puede dar lugar a su propagación. Bien sabemos que los virus o bacterias afectan a todo el mundo y no entienden de papeles. Por otra parte, con la medida del repago y el medicamentazo, se está empujando a una parte de la población sin recursos a prescindir de fármacos, lo que motivará complicaciones en su curación.

Estos días los voceros del Gobierno están lanzando el globo sonda de que dejarán fuera de la cartera de servicios de la Seguridad Social las mamografías, medida muy peligrosa que daría al traste con uno de los grandes avances que se han dado en la sanidad pública española. El Gobierno trata de presentar estas medidas como imprescindibles para seguir manteniendo la sanidad pública, mientras en el último Consejo de Ministros conceden un préstamo de 1.782 millones de euros al Ministerio de Defensa para pagar sus deudas a las empresas de armamento. Pero no nos creamos que estas decisiones se toman por motivos económicos solamente, subyace en ellas unas motivaciones xenófobas y clasistas que este Gobierno profesa, a pesar de proclamar un ideario cristiano.

Como ha escrito la economista norteamericana Shoshana Zubboff, la banalidad del mal que se oculta detrás de este modelo, que pone en peligro a las personas y pueblos en situación de riesgo, es evidente. Estos políticos, guiados por la cobardía y la insolidaridad hacia las personas por las que se supone que deberían gobernar, deberían ser denunciados por crímenes contra su pueblo.

Ajerwoody

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