Entrevista a L' Ossa dolce

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El Grapas.- Este mes visitamos la tienda de chuches L´OSSA DOLCE en la calle Sapporo del barrio de Ondarreta. Nos reciben Sara y Oscar a los que, como de costumbre, les pillamos con las manos en la masa. Nos invitan a un café en su obrador en el que el aroma a bizcocho nos hace sentir como dentro de una de sus tartas. Es su primer negocio y se nota: porque irradian juventud, porque han derrochado tres meses de esfuerzos en reformar un local al que le han dado la vuelta con sus propias manos, y porque la ilusión que contagian se queda en todo lo que tocan. Se dedican a la repostería creativa, y lo hacen porque les gusta y porque saben hacerlo. Los alcorconeros (o alcorconitas) reconocemos a un artesano en cuanto lo vemos, y aquí tenemos a dos que, con sus propias manos y con ingredientes naturales, pueden crear verdaderas obras de arte con una tarta. La moda de Frozen y personajes como Olaf dejan algo de espacio a otras ideas, suficientes como para hacer todo un book; porque cada tarta se hace por encargo y al gusto o capricho de cada cliente. “Lo más raro que nos han pedido es hacer una ruleta que diera vueltas en una tarta” nos dice Oscar, pero la verdad es que llegó a intentar hacerla. Junto con Sara modelan cada una de las figuras de una tarta con sus propias manos hasta que consiguen un resultado de una calidad genial: desde personajes de película hasta coches con todos sus complementos. Su formación y empeño les llevan a invertir muchas horas de trabajo hasta que alcanzan el resultado que buscan. Sara todavía se acuerda de un puño de Hulk “imposible”. Y siempre atendiendo a posibles alergias o circunstancias especiales.

Mientras hablamos se interrumpe el ensueño del olor a bizcocho cuando Sara tiene que subir desde la sala donde dan los cursos de repostería a atender a los clientes. Son los vecinos de un barrio que les ha recibido con alegría; un barrio lleno de chavales que ahora tienen un sitio de confianza donde comprar chuches y golosinas de calidad en muchos formatos a precios populares, a pesar de la competencia desleal y desmedida de tiendas como las de los chinos que, a diferencia de a Sara y a Oscar, a quienes les obligan a tener un obrador para poder usar un horno con sus correspondientes evacuaciones y medidas de seguridad, en esas tiendas los tienen sobre un mostrador rodeados de cartones donde la comida se almacena junto a botellas de lejía. Pero esto a ellos no les desanima. Su proyecto de cursos de repostería creativa sigue creciendo y cada vez son más los que se apuntan a grupos donde se aprende a hacer realidad los deseos más golosos. Aunque los dos prefieren el dulce al salado, Sara se decanta sin dudar por el chocolate mientras que Oscar, tras meditarlo, se planta en el dulce de leche (aunque su mente continúa repasando sabores).

Montar un negocio artesanal en el año 2014, en plena crisis, sin una sola ayuda, con gobiernos locales y autonómicos que no solo te dan la espalda sino que además te zancadillean, está reservado para valientes; y estos dos amigos lo son y además nos endulzan la vida con su arte y su sonrisa. Y cuando las cosas se hacen con cariño, se nota. Viva la imaginación. Viva la creatividad. Viva la repostería para todos.

 

 

 

 

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