Elementos rurales en entornos urbanos

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David Rus.- El poder de las imágenes es colosal. Nos bombardean con arquetipos y nos los relacionan con sensaciones y necesidades primarias para que parezcan más apetecibles. Una imagen icónica puede transformar totalmente un lugar o una vida. Es curioso cómo salirse de la imagen habitual choca frontalmente con las sensaciones a las que estamos acostumbrados. Creemos que “lo bonito” es tener un césped perfecto y verde como si se tratase de una pradera irlandesa, ¿tiene sentido tener algo así en Almería?
No se puede decir que este proceso sea, al menos en su totalidad, deliberadamente intencionado. A veces es una consecución de un proceso histórico. Volviendo al paisajismo, es lógico que tengamos en la cabeza las verdes praderas y la naturaleza idealizada a la hora de pensar un parque; los parques surgieron en Inglaterra a la par que el paisajismo inglés de Capability Brown. Este modo de construir zonas verdes ha sido la norma durante varios siglos, por encima del jardín francés y el italiano (más regulares).
Cambiar esta manera de concebir los espacios verdes y de recrearlos puede generar interesantes vías sobre las que actualmente se está investigando, como la ecología, la agricultura de proximidad, … Resulta ridículo que espacios en cultivo alrededor de nuestras ciudades, tengan un uso infravalorado y se apueste por su edificación y/o reforestación. Me explico.
La nueva ecología apuesta por la proximidad, es consciente de que las ciudades van a crecer, y que la fabricación de ciertos productos dentro de su suelo es más sostenible y eficiente. Los huertos urbanos están bien como elementos de ocupación temporal, ocupando espacios vacíos y dándoles un buen uso. Sin embargo, dar un carácter de parque a zonas agrícolas supone un nuevo salto.
Para empezar, garantiza cierta supervivencia de las actividades tradicionales y del paisaje característico de una zona. Supone conectar a la ciudadanía con el medio rural, un inmenso territorio al que ahora no tienen acceso, y que desconocen enormemente. Con escasos recursos, se puede crear una inmensa zona verde que además de cumplir su papel de “pulmón”, es rentable, genera empleo y es didáctico para la población, además del inmenso valor ecológico que se le presupone.
Para ello habría que superar determinados obstáculos, como, por ejemplo, si este suelo podría clasificarse como rústico en sí, pudiendo necesitar una figura administrativa propia, pero eso es otro debate. La clave sería poder hacer una integración de zonas agrícolas y ganaderas con zonas estanciales, de recorrido, encuentro y juego. El aprovechamiento de infraestructuras obsoletas y su reciclaje (Rehabilitación de silos, secadores de tabaco como lugares de sombra, torres eléctricas o de radio como observatorios de pájaros, reciclaje de canteras o vertederos como lugares para intervenciones artísticas, vías de tren en paseos de madera de quita y pon …) puede darle un nuevo sentido al entorno, creando hitos característicos y generando flujos y recorridos. También supone la creación de un espacio seguro para el transporte en bici entre ciudades, y un colchón seguro entre el espacio urbanizado y el bosque protegido, evitando así que especies como conejos o jabalíes corran peligro en los bordes de frontera.
Para el buen desarrollo, se deben implementar cultivos tradicionales de la zona y paisajes típicos. El hecho de que nos resulte más agradable pasear por una pradera verde que por un trigal castellano, es puramente psicológico, efecto de la imaginería. Habría que recuperar buenos espacios de paseo entre los trigales, con caminos flanqueados por olmos o chopos, para que dé sombra a bancos y viandantes, e hitos ocasionales de agua y juego. ¿Por qué un paseo por un olivar o un maizal no puede ser lo suficientemente agradable para ser introducido en el concepto “zona verde”?
Llevándolo a lo local, observo el potencial que tiene en zonas urbanas consolidadas como el sur de Madrid. El proyecto de Bosquesur implicaba un enorme costo, al querer mantener una inmensa zona verde como si fuese un parque. Una actuación que permitiese crear zonas de parque con superficies agrarias y combinarlas permitiría una rápida consolidación de la zona, muy fácil de modificar si esta no termina de funcionar o se generan nuevos usos. La rehabilitación muy necesaria de la antigua aldea de Polvoranca podría ir ligada al rescate de estos usos tradicionales de la zona, que ahora se reciclan para crear agricultura ecológica de proximidad, con una forma de crear empleo creando zonas verdes y consolidando el territorio.

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