«Ni patria, ni patrón, ni Marine, ni Macron», La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas coloca en una posición muy favorable a Emmanuel Macron, el candidato de la banca Rothschild y de la reforma laboral

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quema de propaganda electoral

“Quema de propaganda electoral en la plaza de la República” (Sara Álvarez Pérez)

Sara Álvarez Pérez. Corresponsal en París.– «Ni patria, ni patrón, ni Marine, ni Macron», la consigna coreada por los colectivos antifascistas reunidos en la plaza de la República de París para mostrar su descontento con el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas -en medio de un dispositivo policial mastodóntico- resume bien lo que representa cada uno de los dos candidatos que ha pasado a segunda vuelta.

La xenófoba y populista Marine Le Pen, quien con el 21,7% de los votos* ha pasado de constituir una excepción a convertirse en una presencia normalizada en la vida política francesa -hasta el punto de que sus excelentes resultados no resulten chocantes ni alarmantes-, construye su discurso entorno a la idea de patria, la lucha contra el comunitarismo -que esconde una potente xenofobia- y de la búsqueda de la identidad perdida. El cierre de fronteras, el cuestionamiento de Europa y el proteccionismo económico son los ejes del programa de su campaña electoral, la cual se ha centrado en erigirse a sí misma como la salvadora de todos los males que aquejan a la patria (uno los cuales, en opinión de esta humilde servidora, es ella y la gente que la vota).

Por otro lado, tenemos a Emmanuel Macron, el niño bonito de la prensa extranjera y el preferido por las élites financieras, que ha culminado en primera posición (23,9% de los votos*) una inmejorable campaña -publicitaria- centrada en su propia persona y en la defensa de un programa electoral ambiguo con el que pretende seducir a todo el mundo. De lo que va a hacer Emmanuel Macron si finalmente gana la segunda vuelta -lo cual es más que probable, puesto que el objetivo primordial es, como en citas electorales anteriores, expulsar a Marine Le Pen- poco podemos decir: proyecta una imagen de candidato «nuevo» que ha logrado superar al bipartidismo -es histórico el hecho de que ni el Partido socialista ni Los Republicanos hayan pasado a segunda vuelta- y que pretende «construir una nueva Francia» (como reza en la portada de su programa electoral) logrando encarnar al francés medio. Lo de qué es un francés medio ya lo dejamos para otro artículo, pero en realidad el gran éxito de la inteligentísima y eficaz campaña de marketing electoral de Emmanuel Macron es precisamente el de encarnar a un pueblo enormemente diverso, consiguiendo que personas de orígenes y contextos diametralmente opuestos se identifiquen con él y con su proyecto. Lo de cuál es su proyecto también lo dejamos para otro artículo…

En tercera posición tenemos un casi empate entre François Fillon, de Los Republicanos, y Jean-Luc Mélenchon, de La Francia insumisa. Fillon ha declarado que votará por Emmanuel Macron en la segunda vuelta, y ha llamado a sus votantes a hacer lo mismo para evitar el ascenso al poder de un «partido extremista», según sus propias palabras. Jean-Luc Mélenchon no se ha pronunciado en favor de ninguno de los dos candidatos, en espera de consultar con quienes han apoyado su candidatura. Por su parte, Benoît Hamon estará lamiéndose las heridas en algún rincón del organigrama de corrientes de su amado Partido socialista. El batacazo ha sido espectacular (6,3% de los votos*). Manuel Valls debe de estar frotándose las manos…

Si Le Pen es la candidata de la «Francia eterna», esa idea esencializada de la nación cuyo cuerpo es el territorio de la patria y cuyo espíritu es una especie de aliento superior compartido por todos los ciudadanos e insuflado por el general De Gaulle, Emmanuel Macron es el candidato que nos vende el futuro. «Vender» en esta frase es un claro doble sentido…

En realidad, esta elección presidencial también constituye la antesala de las legislativas de junio de este año. Los resultados de las presidenciales, si bien movilizan el voto mediante resortes diferentes, dejan entrever que en las legislativas se dará lugar a una gran diversidad en el hemiciclo de la Asamblea nacional. Emmanuel Macron promete que la mitad de los candidatos con los que se presentará a las legislativas de junio procederán de la sociedad civil. Más le vale, porque en las filas de su escueto partido esculpido a su imagen y semejanza poco hay que rascar. Tal vez irá a llamar a la puerta del Partido socialista. ¿Que de qué Partido socialista? Que le pregunten a Manuel Valls.

*Estimaciones de Ipsos-Sopra Steria para el diario Le Monde.

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