El secreto. La nueva fe que nos idiotiza

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Alfredo Abrisqueta.- El otro día acompañé a mi novia al centro comercial y mientras ella buscaba lo que quería yo me paré en la librería. secreto WEBEstudio filosofía por lo que los libros pueden considerarse una pasión en mi vida. Parece obvio decir que reparé en la estantería de filosofía, muy pequeña a muy juicio, caótica y poco ilustrativa. Entre los libros de Aristóteles o Nietzsche encontré otro que me llamó la atención por su título: El secreto. Un best-seller. Antes de hojearlo ya tuve la sensación de que este libro ocupaba un lugar que no le correspondía. Me sonaba ya de antemano a ocultismo, misticismo o el típico libro de autoayuda que promete el cielo a cambio de nada. Y en efecto, empecé a hojearlo como si tuviera relevancia intelectual y vi que fue escrito por metafísicos, (filósofos interesados por la estructura, principios y naturaleza de la realidad). En el primer capítulo de este fantástico libro nos revela ese gran secreto que grandes pensadores de la antigüedad conocían, la famosa Ley de la Atracción. Una ley universal que afirma que lo semejante atrae a lo semejante y en consecuencia, todo lo que pasa en tu vida, a través de tus pensamientos y por arte de magia, materializas sin esfuerzo todos tus sueños. Concretamente te exhortan a pensar en lo que quieres, como no, usan el ejemplo más típico: ser millonario. Aseguran que si lo piensas profundamente y constantemente, algún día lo serás. Cuando adoptas en tu vida una posición escéptica es irremediable preguntarte cómo demonios se puede escribir tantas chorradas y por qué desean inducir a los lectores a creer, como por ejemplo, que el universo es un gran genio que concede tus deseos por la mágica ley de la atracción. Imaginaros por un momento que todos, obviamente, quieren trabajo, dinero y fama. Por la fuerza de la lógica, estás convencido que no todo el mundo puede ser millonario, tener la casa de sus sueños o el cochazo de su vida. ¿Sabéis qué argumento utilizarían estos engañabobos? Que no lo tienes porque realmente no lo quieres, piensas en lo contrario constantemente y el universo, mágico en su esencia, recibe tu orden de querer vivir en la pobreza y en la miseria, cumpliéndose así, sin más, tu destino. En cambio, cuando deseas ser rico, dominar el mundo o tener cincuenta relaciones sexuales a la semana, el glorioso universo te lo concede porque es un tío cojonudo. Como hoy en día la ciencia es autoridad en el mundo, esta gentuza tiene que basarse en ella para convencer a los miserables, que por desgracia, somos la gran mayoría. Se basan en la medición de los pensamientos, su frecuencia y sobre todo por el principio de la ley de la atracción: lo semejante atrae a lo semejante. Creen que el universo está ahí para cumplir todos tus caprichos, un universo materialista y vaya, qué casualidad, también capitalista. Esta personificación del universo, la misma personificación que hacen de Dios todas las religiones, está dotada de misticismo y ocultismo. Como la novela del Código Da Vinci, estos bufones se remontan a la historia mediante enigmas, intrigas, asesinatos y elitismo para decir que este secreto ha sido ocultado para la gran mayoría. Menos mal que ellos son tan amables de contarlo a cambio de un módico precio por el libro y un penoso documental que parece el típico anuncio de la tienda en casa. Por una vez, voy a hacerles caso. Voy a hacer la prueba y pensaré reiteradamente que quiero que ese centro comercial saque la basura que apesta de la sección de filosofía y la ponga en el contenedor de la sección “comecocos” o bien, para decirlo de una manera más educada, pseudociencia, para salvar la dignidad, al menos del lector, que busca un sentido en su vida a través del pensamiento de las grandes mentes de la historia. Sin embargo, sería engañarme a mi mismo, porque ni el centro comercial entiende de filosofía ni don dinero se lo permitirá.

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