EL FATALISMO COMO ACTITUD

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Hipatia.- En el contexto social en que nos encontramos, el concepto de fatalismo entronca con el concepto de indefensión, es decir, la percepción o ausencia de control sobre lo que está ocurriendo, vivido como un fracaso en los esfuerzos dirigidos a controlar el entorno (nada de lo que haga servirá para algo, ellos tienen el poder y los medios).

Los factores del fatalismo son el conformismo, la sumisión y una tendencia a no realizar esfuerzos, focalizando continuamente el presente,  es decir, falta de memoria del pasado y planificación del futuro (medios de comunicación donde continuamente nos presentan lo mal que está  todo y lo peor que se puede poner) sin crear una esperanza de futuro, la sensación de que hagas lo que hagas todo va seguir igual.

Cuando esto sucede en un amplio sector de la población, la labor de los movimientos sociales y de los partidos políticos sería la de romper el círculo vicioso, que refuerza estas creencias en los individuos, tarea difícil ya que la corrupción política de los dos partidos dificulta la actitud de no ser fatalistas.

Hay que devolver a los ciudadanos la creencia de que sus acciones pueden modificar la realidad social, un ejemplo sería la marea blanca, en la que los ciudadanos sienten que pueden impedir el desmantelamiento de la sanidad pública: cuando el gobierno de Castilla la Mancha ha dado marcha atrás después de una sentencia para cerrar los centros de salud de noche;  la población ha sentido que podía impedir el cambio de modelo.

Los mensajes de culpa, miedo,  la inacción y mensajes en boca de todos como: habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, si protestas te despiden y hay seis millones y medio de parados, tienes que pagar lo que debes o sino tendrás consecuencias por haber gastado más de lo que podías, etc. Los de arriba nos tratan continuamente como perros, se nos somete constantemente a shocks. Fácilmente este tipo de mensajes nos inducen a un estado depresivo, para mantener la pasividad.

La cuestión es ¿cuánto tiempo toleramos el castigo y la culpa sin rebelarnos? ¿Podemos hacer algo para no ser vencidos del todo?

Esto se lograría cambiando la conducta para que sea coherente y consecuente con lo que pensamos;  si son injustos los recortes, la conducta sería no votar a quienes los han impuesto. El voto en muchas ocasiones está determinado por la fidelidad (heredado), está cautivo (como compensación), o identificado con una clase social a la que se aspira y no se pertenece (obreros de derechas).

En resumen,  la superación del fatalismo pasaría por la toma de conciencia individual, la organización y la movilización.

En este momento frente a las injusticias sociales que vivimos debemos situarnos al lado de los que sufren, y aumentar la conciencia de los ciudadanos para modificar las actitudes de inmovilismo y pasividad política, porque como decía Badiou: “hay que actuar, porque no es nuestra acción la que debe plegarse al campo de lo posible, sino que es la propia acción la que puede abrir un nuevo espacio de posibilidades”.

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