El efecto Podemos

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Errebe.- Podemos, ese movimiento social evolucionado en partido político y compuesto por una ingente legión de frikis, blogs.ft.comWEBbolivarianos, proetarras, escracheadores, antisistema (1,2 millones de votantes) y demás lindezas calificativas, hechas desde los sectores más conservadores, “progres” y retrógrados de la política y el periodismo patrio, ha dado un duro golpe, a los usos, los modos y las actitudes de la política tradicional española, parapetada durante más de 35 años en las escasamente democráticas y opacas estructuras de sus principales partidos, sean estos más mayoritarios o menos minoritarios.

Se puede decir, que Podemos ha logrado canalizar en forma de acción política, aquella oleada de indignación, que arrancó hace tres años con el movimiento 15M y que continuó con las Mareas contra las privatizaciones y por los servicios públicos, la Plataforma antidesahucios, las Marchas por la Dignidad y un larguísimo etcétera de iniciativas ciudadanas de todo tipo.

Podemos no parece un partido más. De hecho, no se considera partido, sino un movimiento social. No posee estructura piramidal de partido, sino que se organiza horizontalmente y de manera asamblearia, en base a equipos denominados “círculos”. En estos círculos todo el mundo tiene cabida, siendo espacios donde prima la inclusividad de todo el que se acerca. Los círculos no tienen necesariamente una delimitación territorial como puede ser el círculo de Alcorcón, sino que existen además círculos creados en base a intereses profesionales o a otros sectores de la sociedad. Podemos es una construcción colectiva, en el sentido de que los programas y las propuestas se hacen contando en todo momento con las aportaciones de todos los círculos.

Podemos ha sabido articular un nuevo lenguaje político con el cual, cualquier persona con independencia de su ideología (comunista, socialista, socialdemócrata, ecologista, humanista, e incluso anarquistas…) pueda sentirse identificado, ya que se prioriza la búsqueda de lo que une, frente a lo que diferencia. En su ADN está la máxima expresión de la democracia que sería “Todo para el pueblo, contando con el pueblo”.

Su presencia en los medios ha sido un espaldarazo más a su éxito. Acuden a debatir allí dónde se les reclama, incluidas las televisiones de la derecha más casposa, o con los tertulianos más sucios y demagogos, aportando aire fresco y cercanía con el ciudadano. El uso de internet y las redes sociales ha sido; no obstante, el principal vehículo articulador del fenómeno Podemos.

Fiel a sus principios, sus fuentes de financiación no han sido a través del clásico crédito bancario, sino a través de crowfunding o micromecenazgo (muchas pequeñas aportaciones de muchas personas). Además todas las cuentas de Podemos son públicas. Sus eurodiputados en un ejemplo de coherencia con sus planteos, renuncian a la totalidad de su sueldo y viajarán a Bruselas en clase turista.

Si todo esto es novedoso y fresco dentro de la política, el verdadero efecto Podemos se está dejando sentir en las consecuencias que ya acarrea al resto de los partidos tradicionales. Sus militancias comienzan a exigir más democracia a través de elecciones primarias y expulsión y procesamiento de los corruptos o sospechosos de corrupción. Comienzan a exigir que las tomas de decisiones y proyectos políticos sean contando con las bases y alejándose de las políticas de despachos, donde solo se beneficia a la banca y las grandes empresas.

El efecto Podemos ha afectado también a la jefatura del Estado, que se ha apresurado en acelerar el proceso de sucesión, ante las demandas de la calle, sobre un referéndum y el derecho a elegir sobre el modelo de estado.

Mucha gente espera que Podemos sea ese nexo, capaz de promover la unión de fuerzas de todo el abanico de sensibilidades progresistas, y posibilitar así una auténtica transformación social en este país.

Lo que queda claro es que Podemos no va a ser una alternativa pasajera. Ha llegado para quedarse e ilusionar de nuevo a la gente, tratando de materializar en hechos aquella aspiración de que otra política es posible, otro mundo es posible.

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