Ecología y Capitalismo verde. Cuidado con lo que te venden.

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Miguel Gallardo.- El concepto de ecologismo es amplio, y abarca distintos niveles y matices. Desde su dimensión como ciencia que estudia las interacciones entre los seres vivos y su entorno a su dimensión política como aquella opción que toma como centro de las políticas la relación entre el hombre y la naturaleza dando una posición de relevancia a esta última, puesto que las actividades del hombre son dependientes en último término de lo que la naturaleza (el medio ambiente) pueda soportar.

A nivel mundial, desde la década de los 70, los avances gracias al ecologismo son indiscutibles. Su labor de concienciación ciudadana y activismo ha logrado poner la crisis medioambiental del planeta en primera plana de cumbres internacionales y que se considere, al menos sobre el papel, como un eje transversal a cualquier política. En cualquier caso, los avances no han sido suficientes: el cambio climático, la destrucción de la biodiversidad y la contaminación han continuado su avance inexorable, apagando lentamente el sonido que toca esta maravillosa orquesta que es el Planeta Tierra.

Y es que este versátil concepto que es el ecologismo se ve fácilmente tergiversado, envenenado, por el paradigma capitalista que subvierte su esencia. Es lo que podría llamarse Capitalismo verde o Ambientalismo, un lavado de cara de los medios de producción del capital que gran parte de la ciudadanía entiende como avances. Empresas “verdes” que de verde tienen el color de su logo, el prefijo “bio” usado sin ton ni son junto a cientos de florecillas, biocombustibles de primera generación que deforestan los pulmones del planeta o usan cultivos alimenticios para estos fines industriales… El capitalismo intenta subvertir el concepto de ecologismo y, a menudo, es fácil caer en sus trampas.

Los críticos denominan utópicos a los ecologistas. En primer lugar, la utopía está bien, porque nos marca siempre la dirección a seguir. ¿Cuál sería el escenario actual de no ser por el movimiento ecologista presionando desde la segunda mitad del siglo pasado? En segundo lugar, por supuesto que probablemente la alternativa que propone el ecologismo no sería capaz de satisfacer las demandas de esta sociedad, seamos claros. Pero es que el modelo ecologista propone otro tipo de sociedad, que no es la capitalista: una sociedad sostenible y no en permanente crecimiento (la primera y más generalizada trampa del capitalismo verde es asegurar que el desarrollo sostenible permitirá al capital seguir con su crecimiento imparable como hasta ahora, tan solo teniendo en cuenta el factor ambiental).

A nivel local, el ecologismo tiene luchas tan importantes como a nivel global. La crisis social y ambiental surge a partir de actuaciones a pequeña escala. Desde los ayuntamientos se pueden imponer restricciones más severas que las que indiquen las directivas europeas y la legislación estatal o autonómica, se implementan políticas de educación ambiental, se pueden apoyar temas tan importantes como el comercio justo, la economía colaborativa o el autoconsumo energético. Es por ello que el ecologismo se entrelaza, complementa si se quiere decir, a otras luchas sociales. ¿Ahorro y eficiencia energética para reducir el efecto invernadero? Sí, pero también para reducir la pobreza energética. ¿Defender los pocos espacios naturales que quedan entre las ciudades para mantener la biodiversidad? Claro, y también para dotar de espacios naturales a los ciudadanos y disponer de ecosistemas reguladores de la actividad humana. Ecología significa más salud, ecología significa justicia social, significa equilibrio y no abuso, significa paz y respeto. Lo que no es, es un logo verde con una hoja al lado, o cambiar todo el alumbrado por luminarias LED. Cuidado con lo que te venden.  

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