Dos consecuencias del ascenso electoral de la ultraderecha francesa

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Sara Álvarez (París).- En las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2015, el Frente Nacional de Marine Le Pen, un partido de ultraderecha cuyo lema de campaña fue “No a Bruselas, sí a Francia”, obtuvo casi 5 millones de votos en Francia (prácticamente el 25%) y 24

 Fuente www.dailyslave.com

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escaños al Parlamento Europeo. Los resultados de este partido político han ido aumentando progresivamente desde su fundación en 1972 por Jean-Marie Le Pen, padre de la actual líder, y en las últimas europeas superan los resultados de los dos partidos que copan la política francesa. En las mencionadas elecciones europeas, el UMP (el partido de Sarkozy) obtuvo el 20% de los votos y el Partido Socialista francés, el 14%. Es decir, el Frente Nacional, un partido cuyo programa se funda en la idea de “los franceses primero”, ganó las últimas elecciones celebradas en Francia.

Podemos rastrear dos consecuencias políticas de esta irrupción, que viene a contestar el bipartidismo francés, en los “movimientos de tierras” que han tenido lugar recientemente en el UMP y en el Partido Socialista francés. Por un lado, Nicolas Sarkozy, ex Presidente del Gobierno francés y recientemente acusado de corrupción y tráfico de influencias, anunció el mes pasado en un programa de televisión que no descarta presentarse a las próximas elecciones presidenciales de 2017. La actitud el ex Presidente en relación con el Frente Nacional siempre ha sido la de intentar captar a sus votantes mostrando al mismo tiempo su oposición a las políticas del partido de Le Pen, mientras que para el Partido Socialista se reserva duras críticas a su “debilidad”. Por otro lado, el actual Primer Ministro de Francia, Manuel Valls, cuya reputación lo sitúa en el sector “duro” del Partido Socialista (el sector “menos” socialista, para entendernos), inaugura una campaña para reformar el Partido Socialista desde dentro, con el fin de reforzar su carácter “pragmático, reformista y republicano”. En este programa de reformas no descarta eliminar el término “socialista” del nombre del partido.

Los problemas derivados de la crisis económica, a la que Francia no permanece ajena (si bien los datos son algo más alentadores que en España), junto con la intensa campaña de desprestigio al actual Presidente del Gobierno, François Hollande, por parte de los medios de comunicación (campaña que alcanzó su punto álgido cuando su ex mujer publicó un libro del cual trascendió la frase: “A François Hollande no le gustan los pobres”) no contribuyen a mejorar el clima político interno del Partido Socialista. Las próximas elecciones departamentales y regionales, que tendrán lugar a lo largo del año que viene, se anuncian animadas y poco halagüeñas para los socialistas. Ya se sabe: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Y en este caso parece que la pescadora se llama Marine Le Pen.

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