Don´t cry for me Argentina

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Luis Eduardo Dufrechou Bermolén.- La comprensión de Argentina es imposible sin la consideración previa de que su cultura política dista de las nuestra. Así, el peso que ha desempeñado el peronismo tiene mucho que ver con el rol que todavía desempeñan, en América Latina, los grandes liderazgos y en ocasiones también el rol paternal de los dirigentes para con los más desfavorecidos. A este imaginario popular se le opone, en Argentina, el de una derecha supuestamente racional, moderna y globalizada, respetuosa de la institucionalidad liberal y carente de tales deslices y excesos pasionales. Este relato, contrario al “pecado populista”, evita mencionar cómo precisamente esa derecha fue la creadora, mediante la represión a los trabajadores, los fraudes electorales, la persecución y exilio, de ese “bloque histórico” omnipresente desde entonces en la vida pública del país que es el peronismo. ¿Por qué?

Perón, a pesar de su deliberada ambigüedad, estableció una legislación favorable al trabajador, implementó el primer estado de bienestar, apostó por la unidad latinoamericana y fijó un nexo directo, carente de estructura partidaria, entre representante y representado. Esas raíces progresistas y populares del peronismo, abandonadas desde 1973, son las que los Kirchner recuperaron a comienzos de siglo. ¿Se imaginan que España resolviera su problema de deuda desafiando a los acreedores? ¿Que redujera la pobreza? ¿Qué incrementase la inversión en educación, ciencia y tecnología? ¿Que aumentara las pensiones? ¿Que anulase el perdón a los criminales de la dictadura?

Todo eso, y mucho más, es lo que ha conseguido en más de una década el gobierno de dicho matrimonio. Pero la esencia de este proyecto no cuadra con la percepción que medios como El País han conseguido imponer en audiencias como la española, brindando una imagen peyorativa y caricaturesca de quienes lideraron lo que muchos llaman ya la “década ganada”, en contraposición a las “décadas perdidas” precedentes. En definitiva, los errores de unos, los suyos, no existen, de manera similar que los aciertos de los nuestros.

Macri, presentado ante medio mundo como la alternativa tranquila y responsable ha decidido arrancar su gobierno, no obstante, desde la trinchera revanchista, reviviendo la lógica de los gobiernos que forzaron al exilio de Perón, sin golpe militar esta vez, y con apenas un 51% del voto. Frente a las sonrisas, globos y coreografías de campaña ha decidido seguir la receta de Milton Friedman de aplicar, con celeridad y determinación, un  “shock neoliberal” que no se ha hecho esperar: recortes de gasto, despidos masivos de empleados públicos supuestamente partidistas, persecución a periodistas como Víctor Hugo Morales, endeudamiento con acreedores privados, bajadas de impuestos a las exportaciones, “tarifazos” eléctricos, encarcelamiento de activistas como Milagro Sala, etcétera, caracterizan el nuevo país de los que decían “cambiemos” en campaña, sin indicar hacia dónde. Qué triste el poder de los medios de comunicación para fabricar y deformar la realidad a su antojo, tan triste como la Argentina de los dos últimos meses.

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