Diario de un parado de larga duración. Los invisibles

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paroSonia E. y J.O.-  Tiene cincuenta años, lleva dos años así. No cobra ningún subsidio y a pesar de todo es un profesional en su oficio, lleva trabajando desde los dieciséis años, nunca ha tenido ningún problema. Siempre ha pagado sus impuestos y ha cotizado a la Seguridad Social. No debe nada. Por la crisis, según algunas personas, es un defraudador por no tener dinero para pagar el transporte público e ir a buscar empleo porque, según el estado de “medio estar” no tiene derecho ni a una prestación ni a tener tarifa especial para desempleados y pagar el transporte público. Este beneficio solo lo tendrás si eres  policía, militar o cargo público a pesar de cobrar un sueldo, tienen más derecho (mejor dicho; privilegios) de no pagar el transporte público. Considera tan injusta la situación que no sabe cómo expresar su indignación: “¿Cómo es posible que determinados funcionarios no tengan que pagar el transporte cobrando un sueldo y una persona desempleada y que no cobra ayuda de ninguna clase, esté obligada a pagar el transporte como si fuera un asalariado?”.
El día 7 de marzo una persona cogió el abono transporte de su abuela nonagenaria pensionista y se fue a coger el metro para buscar empleo. Al pasar el billete, no tuvo ningún problema pero al bajar al andén, los inspectores del Metro estaban apostados, como los buitres, pidiendo el billete. Él enseñó el de su abuela. Le dijeron: “Este abono no es suyo”. Y le explica su situación económica mientras le enseña su tarjeta de desempleado de larga duración. Se ve obligado a cometer este fraude dada su situación. Apela a la humanidad de la inspectora llamada Concepción y piensa: “si esto es un fraude… los que roban el dinero público, la corrupción galopante que hay en este país y no se erradica, ¿cómo se debe llamar a estas personas?”. Le quita el billete, le hace un parte por utilización incorrecta. La abuela se queda sin su abono y el desempleado sin poder viajar frustrado por no poder  viajar a buscar empleo. No sabe qué pensar. Sí: “gracias Concepción, espero que a ti te pase algo así o alguien de tu familia o amigos”.

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