Desenterrando el frente de Ciudad Universitaria

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Cráter

Arqueólogos volviendo a tapar la zanja del cráter. Alberto Astudillo

Veintiocho de julio. Ciudad Universitaria. Unos 36 grados a la sombra. Vamos en busca del yacimiento arqueológico que ha estado en funcionamiento durante todo el mes. Ascendemos por las colinas que hay tras la facultad de odontología de la Universidad Complutense de Madrid. Nos topamos con dos hombres con dos palas introduciendo arena en una zanja.

Se adentran en una especie de cráter con un fondo de superficie lisa y un rectángulo, como si fuese una tumba. “A metro y medio se encuentra el suelo original” uno de los hombres nos explica el porqué del agujero. Su nombre es Carlos Marín, doctor en Arqueología, y lleva desde 2008 trabajando en recuperar la memoria de la Guerra Civil.

El cráter fue el resultado de la conocida como “Guerra de Minas”. Según nos explica el suelo original se ha ido recubriendo de tierra por las lluvias. Por lo visto los comandos de mineros cavaban galerías subterráneas en las que ponían las minas. Esta modalidad fue muy temida por el ejército franquista y una de las culpables de que el frente de Ciudad Universitaria permaneciera estable durante toda la guerra. El proyecto de Ciudad Universitaria, con flamantes y modernos pabellones educativos, deportivos y de investigación, se había transformado en un auténtico campo de batalla.

Precisamente los continuos ataques y la explosión de minas y obuses provocaron que varias facultades y uno de los alas del Hospital Clínico acabaran completamente destrozadas. Los escombros de todos los edificios arrasados en Ciudad Universitaria y Argüelles se utilizaron para hacer colinas artificiales y tapar los cráteres. Esto transformó el terreno y el paisaje de la Ciudad Universitaria. Este cráter es uno de los pocos que quedan.

Les preguntamos cuáles son los mayores hallazgos de la Guerra Civil que han encontrado desde 2008. Nos habla del campo de concentración de Castuera, en Badajoz.

“Estuvo en funcionamiento un año y pudimos documentar que, además de campo de concentración para presos republicanos, también fue campo de exterminio. Se trabajó en Castuera durante tres años. Dos de ellos se compaginaron la excavación en el campo de concentración con la de fosas comunes del cementerio del pueblo. Llegamos a localizar a 36 individuos que fueron sacados del campo de concentración, torturados y asesinados por falangistas. Y son una muestra representativa de los miles de desaparecidos de los que se sabe de ellos por última vez en Castuera. Castuera tenía una zanja perimetral y alambradas de espino -tipo campo de concentración nazi. Las zanjas las cavaban presos republicanos y soldados de batallones disciplinarios. Sabemos por testimonios que, cuando a un preso le flaqueaban las fuerzas, los guardias le torturaban con su propio pico golpeándole en la espalda hasta dejarle reventado.”

“Y Charlie, Charlie a lo mejor” Su compañero le recuerda a Charlie, un soldado republicano que se sacrificó para que el resto de sus compañeros pudieran atravesar el Ebro el último día de la batalla.   

“Se quedaron resistiendo en Raimat, en las Fatarellas. Encontramos el cuerpo de uno de ellos en la misma posición en la que murió, en el vértice de la trinchera.  Estaba con toda la equipación: granadas de mano, zurrón… Había perdido una mano (seguramente devolviendo una granada). Taparon las trincheras y el cadáver se quedó ahí. Le llamamos Charlie porque pensamos que podría ser un brigadista. Se tenían que haber ido en septiembre del 38 pero muchos se quedaron al no poder volver a sus países. Entre ellos alemanes, polacos, argentinos o uruguayos se quedaron e ingresaron en otras unidades del ejército republicano.”

Según nos comenta Carlos durante la investigación de la Batalla del Ebro también encontraron en Abánades, en la llamada Batalla Olvidada de Guadalajara, cuerpos de soldados franquistas muy jóvenes.  “Auténticos niños que murieron de forma tremenda por trozos de metralla. Puede que de entre 18 y 20 años. Ni siquiera creo que fuera gente muy ideologizada, eran soldados de reemplazo a quienes les tocó hacer la mili en tiempos de guerra” nos relata.

Nos movemos ladera arriba. Varios palitos con puntas naranjas resaltan en el paisaje. Nos comentan que son puntos en los que hay posibles hallazgos arqueológicos.

Arqueólogos

Arqueólogos trabajando sobre el terreno del Asilo de Santa Cristina e indicaciones de posibles hallaázgos. Alberto Astudillo

Paramos en un agujero en el que cayó un obús. Al parecer el terreno absorbió en impacto y todos los fragmentos del artefacto quedaron en la arcilla. Nos explican cómo realizan el minucioso trabajo de recomponer pieza a pieza el proyectil como si de un puzle se tratase.

Según avanzamos hacia la zona donde está trabajando ahora más gente, la de los edificios del asilo de Santa Cristina, preguntamos por la financiación del proyecto.  Nos comenta que el director del proyecto es Alfredo González Ruibal, científico titular del CSIC.  Y en cuanto a la financiación nos informan de que han recibido financiación de proyectos europeos, de estudiantes americanos que financian la excavación con su matrícula y un aporte de la Universidad Complutense de Madrid además de financiación por arqueología comercial o de contratos por cuestiones patrimoniales. No han recibido financiación pública española. Resaltan la labor de estudiantes voluntarios de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM.

Llegamos a la zona de excavación, el asilo de Santa Cristina el cual data del siglo XIX. “Cuando la batalla de Madrid, en noviembre del 36, los franquistas llegaron a tomar el Hospital Clínico. Fue el punto más avanzado del franquismo en todo Madrid durante la guerra” apuntan. Hasta donde tienen documentado, las tropas franquistas utilizaron el último pabellón del asilo como cantina y lugar de descanso. Este edificio era el más alto y cercano al Clínico.

Excavación en el Asilo de Santa Cristina

Excavación en el Asilo de Santa Cristina. Sara Díaz

Los edificios de la zona fueron cortados a nivel de cimiento y se cubrieron con escombro creando terrazas y plantando pinos. No obstante las excavaciones han conseguido documentar varias cosas como una atarjea del siglo XIX o un suelo de baldosa hidráulica con mortero de preparación.

Al parecer las tropas franquistas fueron modificando el edificio cortando suelos de cemento y añadiendo abrigos interiores para las tropas. Uno de los hallazgos más interesantes es una estructura rectangular de bastante profundidad que se ha encontrado sellada. Días atrás un experto en escalada descendió por el agujero. Se topó con basura de la vida doméstica de los soldados. No hay duda de que fueron franquistas porque se ha encontrado identificaciones de legionarios, yugos y flechas y hasta una posible esvástica entre basura de la vida cotidiana como huesos, espinas, loza, vidrio, casquillos…

Pozo

Pozo encontrado en el Asilo de Santa Cristina en el que se han hallado restos cotidianos de falanguistas. Sara Díaz

Al finalizar este recorrido histórico por el frente de Ciudad Universitaria es inevitable acordarse de otras ciudades que vivieron grandes conflictos bélicos y que hoy están documentados y expuestos para que la memoria no se pierda. Madrid no es el caso. Preguntamos por qué. Carlos nos dice que mientras eso no ocurra ellos trabajan como con cualquier yacimiento: piden permiso a la Dirección General de Patrimonio, luego tienen un tiempo para hacer un estudio de los materiales y el informe y definitivamente los materiales van al museo arqueológico regional, que en este caso se encuentra el Alcalá de Henares, se clasifican y se depositan. Nos comenta que luego se decide poner en la exposición permanente o en la exposición general eso es decisión del museo. Insiste en que mientras no haya otro tipo de criterio político y legislativo para los restos de la Guerra Civil y la postguerra se entienden estos restos como patrimonio arqueológico y funciona igual que si fuera un yacimiento romano o prehistórico.

Es inevitable sentir admiración y profundo agradecimiento por quien se esfuerza día tras día en mantener viva la Memoria. Es duro, como nos han recordado durante la visita, que todo este esfuerzo de documentación histórica haya sido promocionado por los mass media solamente porque un equipo de TEDAX de la Policía tuvo que acudir a desactivar unos obuses que parecían activos. Es vergonzoso cómo al director de este trabajo, Alfredo González Ruibal, se le echa del Valle de Los Caídos por hacer algo que las instituciones no hacen en muchas ocasiones: cumplir con la Ley 52/2007 referente a la Memoria Histórica.

Aquel 28 de julio conocimos un poquito más de nuestra historia. Hoy queremos aportar nuestro granito de arena para que no caiga en el olvido, ayudar y animar a las compañeras que lo hacen posible. Su trabajo puede verse en el blog guerraenlauniversidad.blogspot.com.es

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