Apuntando al corazón del sistema

0

El movimiento feminista está transgrediendo todas las barreras establecidas de una manera inopinada. En 177 países se han convocado manifestaciones para el próximo 8 de marzo 2018, en defensa de los derechos de las mujeres. Las marchas en EEUU anti Trump y la sorprendente campaña “Me Too”, las reivindicaciones en Argentina contra las violencias, los movimientos comunitarios de los pueblos indígenas liderados por mujeres que luchan contra la expropiación de sus territorios y el extractivismo colonial, la campaña de hace unos días donde aparecen mujeres musulmanas fotografiándose sin velo, colgado en un palo y muchas otras acciones en multitud de lugares, indican un pre indicio de la gran revolución de las mujeres que se fragua en todo el mundo. El Movimiento Feminista es el único movimiento que mantiene el pulso al sistema con verdadera continuidad, crece internacionalmente como una ola gigantesca desde su nacimiento hace tres siglos y ahora se precipita gracias a las nuevas tecnologías de la información.

Una clase oprimida que constituye el 51% de la población, ha dicho “basta”, quiere una revolución pacífica, valiente y sin dar ni un paso atrás. Las mujeres sabemos muy bien que es la dominación patriarcal, la explotación neocapitalista y la esclavitud, qué es estar en crisis, pues siempre hemos estado en crisis, qué es ser explotadas, precarizadas, usadas para la reproducción, el placer sexual y la expresión de poder masculino. Podria afirmarse que la primera colonia que hubo en la historia fue el cuerpo de una mujer.

En multitud de ocasiones ninguneadas, humilladas, silenciadas, invisibilizadas, ridiculizadas, victimizadas, revictimizadas, culpabilizadas, excluidas, cosificadas, infantilizadas, sexualizadas, secuestradas, traficadas, amenazadas, estigmatizadas, vejadas, maltratadas, violadas, mutiladas, torturadas, asesinadas, vendidas como botín de guerra, quemadas en la hoguera o infinidad de ellas despojadas de nuestros derechos. Y tantas veces tratadas con subjetividad a fuego lento por nuestras parejas o exparejas. Todo ello, por el simple hecho de ser mujer.

Desde el momento que los grupos humanos se hicieron sedentarios y hubo excedentes y bienes que heredar, los paterfamilia debían asegurar la descendencia y la herencia genética, mientras que las mujeres se podían intercambiar por camellos o caballos. Unas destinadas al ámbito privado, otras al espacio “público”. Es sabido que en muchos países los tiempos y las formas han cambiado y se ha conseguido avanzar en cuanto a multitud de derechos y libertades, pero no nos engañemos con el envolvente “velo de la igualdad” porque las estructuras patriarcales siguen intactas.

El movimiento feminista sabe que somos una categoría llamada “mujer”, aunque pertenecemos a culturas distintas y vivimos opresiones diferentes; somos muy diversas tenemos al menos, una cosa en común: la dominación patriarcal. Estamos tomando conciencia de que significa realmente ser mujer, crecemos como masa crítica imparable, puestas en pie y nos reconocemos como aliadas, unidas, sin miedo. Esto se llama revolución: la revolución de las mujeres.

Rosa García-Zarco

Activista feminista

Comments

comments

Share.

Leave A Reply