Tu alma por un click

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¿Disfrutar de la revolución tecnológica es regalar tus datos?

Mar Millán.- Hoy en día no hay nadie sin un smartphone: lo tienen nuestros hijos e hijas, nuestros padres y madres, e incluso cada vez más nuestros abuelos y abuelas. El haber reducido un ordenador a un objeto tan pequeño, hacerlo táctil y permitirnos, gracias a internet, estar siempre en contacto directo con el mundo que nos rodea ha conseguido que ninguna persona sea ya ajena a esta revolución tecnológica en la que nos encontramos inmersas y que muchos ya ponen al mismo nivel que la de la imprenta.

No obstante, esta revolución se ha gestado y florecido en los años más salvajes del neoliberalismo y, como tal, es un sector fuertemente desregularizado, controlado y monopolizado por unas pocas empresas mastodónticas. En estos últimos 30 años la tecnología ha hecho posible que podamos hablar con nuestras amistades y familia con sólo meter la mano en el bolsillo, pero también ha ayudado a que la brecha de desigualdad aumente y, si no hacemos algo, corremos el riesgo de ser dependientes de una tecnología secuestrada por los intereses privados de unos pocos, lo que nos haría a nosotros rehenes. Pero ¿no lo somos ya? ¿No pertenece ya nuestra vida a estas empresas?

 La primera línea de los términos y condiciones de privacidad de Google (eso que nunca nos leemos) es “Cuando usas los servicios de Google, nos confías tu información”. ¿Cuanta información? Pues prácticamente toda: nombre, edad, dirección de correo y física, tus datos bancarios, los datos de tus contactos, todos los correos que hayas enviado y/o recibido, todas tus conversaciones de Hangout, tus búsquedas tanto en su buscador como en Youtube, las fotografías que hayas sacado con tu dispositivo Android (aunque no las hayas difundido y las borraras físicamente del teléfono). Los sitios a los que vas, fecha, hora y ruta que tomaste para hacerlo. ¿No me crees? Tú mismo puedes consultarlo entrando en la sección “Mi Actividad” de tu cuenta de Google. Y esto sólo con Google, también podemos hablar de Facebook y sus políticas tanto con su red social como con WhatsApp pero, de nuevo, son muy parecidas: saben absolutamente todo de ti. ¿Y quién controla el uso que hacen con esa información? Nadie más que ellas.

 Cuando una empresa te da un servicio gratis es porque esa empresa ganará dinero a través de ti de otra forma, normalmente vendiendo esos datos o utilizándolos para optimizar sus otros productos. Es más, ten por seguro que tus datos le generan mucho más dinero que poner su aplicación de pago, o de lo contrario lo harían. Las empresas, sean tecnológicas o no, buscan siempre maximizar sus beneficios.

 Es más, lo que de verdad debe preocuparte ya no es que tengan solamente tus datos, sino que tengan los datos de la mayoría del mundo: ciudadanía, administraciones públicas, empresas… Todos dependemos de ellas, ya que al ofertar su servicio gratuito y hacer que se extienda su uso también te obligan con ello a entrar en su negocio. ¿Alguna vez habéis intentado, hoy en día, seguir comunicándoos con tu grupo de amistades sin usar WhatsApp? No es imposible, pero se hace muy difícil cuando más del 90% de usuarios de mensajería instantánea usa esta opción. De igual forma, es muy difícil que un buscador alternativo a Google pueda mantenerse y prosperar cuando este copa más del 98% de las búsquedas mundiales.

 Mucha gente considera que no importa que tengan sus datos porque, total, son ciudadanos normales que no hacen nada malo y no van a usarlos en su contra. Quizás no ahora, pero ¿quién puede asegurarte que esto seguirá siendo así en un futuro? ¿Qué pasaría si una de estas empresas decidiera, por ejemplo, colaborar con gobiernos dictatoriales para poder identificar a todos aquellos con perfiles ideológicos diferentes a los oficialistas? Estamos lejos de un escenario así, pero si no cambiamos nuestro uso y control de las nuevas tecnologías este escenario tan de ciencia ficción distópica no es tan descabellado. Al fin y al cabo, ¿hay alguna legislación que lo impida?

 Recordad el episodio de Google Noticias, cuando suspendió el servicio en nuestro país. Pese a ser un servicio poco importante dentro de todo lo que supone Google en nuestro día a día, impactó de forma notable a los medios de comunicación españoles. Imaginad qué pasaría si un día Google decidiera hacer lo mismo con su buscador, su servicio de mapas, o su sistema operativo Android, que está presente en más del 80% de dispositivos móviles de nuestro país.

 Pero entonces, ¿qué podemos hacer para crear nuevas tecnologías socializadas y de toda la gente?

En primer lugar, intentar estar informados de qué servicios utilizamos y cuántos datos obtienen de nosotros, procurando utilizar las opciones que menos permisos pidan de tu teléfono. Así mismo, configurar las opciones de privacidad que damos a muchos de estos servicios cuando no podemos evitar utilizarlos y ceder el mínimo de nuestros datos. Obviamente no es algo que estas empresas pongan sencillo, pero en muchas ocasiones podemos configurar estos parámetros. Por ejemplo, en tu cuenta de Google, en la sección que antes se mencionaba de Mi Actividad, podemos borrar nuestros historiales (aunque Google te avisará de que empeora la experiencia con sus servicios), minimizar los datos que cedemos, etc…

Y lo más importante, utilizar aplicaciones de software libre mantenidas por comunidades sin ánimo de lucro y enfocadas precisamente a dar alternativas abiertas y desinteresadas, así como exigir a nuestros gobiernos que nuestras administraciones públicas utilicen herramientas completamente libres, lo cual no sólo redunda en control e independencia de nuestras redes de comunicaciones públicas, sino que supone un ahorro importante en la compra de licencias, un gasto que supone más de 100 millones de euros anuales del erario público.

Una vez más, sólo falta el interés y compromiso de administraciones y ciudadanía.

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