Alcorcón, naturaleza muerta.

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Berni.- Nuestra calidad de vida está directamente relacionada con el entorno en el que residimos: a la mayoría nos gusta vivir cerca de un parque, en una calle con extensas hileras de árboles o en una urbanización con amplia vegetación. ¿Por qué? Más allá de la oxigenación del ambiente y de su positivo impacto visual que transmite calma y confianza, las plantas nos resguardan en invierno, dan sombra en verano y amortiguan los ruidos durante todo el año. En definitiva, los árboles nos proporcionan vida y ofrecen un enorme beneficio a cambio de agua y atención.

Un gran atractivo de Alcorcón es su alto número de árboles: el esfuerzo de los jardineros municipales nos ha permitido disfrutar de un entorno urbano muy verde y amable, pero este orgullo alcorconero peligra tras el anuncio del ayuntamiento de la tala de mil de nuestros árboles. David Pérez, en su conocida cortedad de miras, despidió personal y redujo el servicio de mantenimiento hasta conseguir la ruina de nuestra riqueza arbórea, que hoy amenaza la seguridad de los vecinos por su riesgo de caída. Este despilfarro de décadas de inversión y trabajo nos condena a vivir en un lugar menos limpio, más inhóspito, menos acogedor y mucho más muerto.

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