56 años de violencia en Colombia que parecen llegar a su fin

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Víctor H. Ospina.-  Pocos conflictos armados en la historia se han prolongado tanto como el colombiano: 56 años de lucha armada en los que

El respaldo a las negociaciones es mayor en las zonas de conflicto

El respaldo a las negociaciones es mayor en las zonas de conflicto

6.043.473 personas han sido víctimas de la violencia entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el estado colombiano.

Desde que empezara el conflicto, ha habido acercamientos entre Estado y las guerrillas. Pero nunca había existido una voluntad tan real de poner fin al conflicto no por la vía de la aniquilación del enemigo, sino por la de una salida negociada sin vencedores ni vencidos.

Una de las claves que explican el gran avance de las negociones hay que buscarlas en el hartazgo y el rechazo de la sociedad que se movilizó a lo largo y ancho de toda Colombia.

Entre los años 1996 y 2002, se produjeron secuestros masivos de policías, militares, políticos en las grandes ciudades de manera indiscriminada. Una de las caras visibles de los secuestros fue el profesor Moncayo. Un 21 de diciembre de 1997, la guerrilla secuestró a su hijo, Pablo Emilio. El objetivo de este tipo de secuestros era lograr su canje por guerrilleros en prisión.

Con el secuestro, su padre inició un peregrinaje por Colombia y por el mundo que le llevó a recorrer más de 5.000 kilómetros. Pasó de ser un desconocido técnico de equipos de sonido y profesor de bachillerato, a convertirse en un símbolo de la paz. Sus marchas con cadenas, a las que se sumaron cientos de colombianos, construyeron la libertad de su hijo, liberado el 30 de marzo de 2010.

Los medios de comunicación enseñaron la sociedad las condiciones en las que vivían los secuestrados. Tal y como señala el Centro de Memoria Histórica, esta exposición mediática logró un rechazo acérrimo y profundo de los colombianos hacia los secuestros y hacia la postura de las FARC, que se negaba a liberar a los presos que mantenía en cautiverio. Una postura que derivaría a favor de una solución negociada del conflicto armado, que hoy es cada vez más real en La Habana.

También hay que destacar la voluntad tanto de la guerrilla como del estado para alcanzar la paz. En una entrevista de Juan Manuel Santos a El País en febrero, el mandatario expresaba que veía a las FARC sentadas en el Congreso. Esta postura ha ido acompañada de gestos de buena voluntad de los guerrilleros, ya que por primera vez las FARC pedían perdón a las víctimas y a los familiares.

Claus Kress, uno de los creadores de la Corte Penal Internacional, explicaba que el proceso de paz tiene un significado enorme por las repercusiones “para el derecho penal más allá de las fronteras colombianas. El mundo estará interesado en conocer cómo lograron el equilibrio las partes implicadas”.

La población civil ha sido usada por los actores armados como una fuente de respaldo político, económico, moral y logístico. Los civiles eran sus bases sociales, auxiliadoras, colaboradoras, traidoras o representantes. La violencia contra los inocentes en las zonas de combate era justificada.

Los asesinatos selectivos. La estrategia consistía en crear un régimen de terror diseñado para silenciar a las víctimas y garantizar así la impunidad del crimen. En total, han sido asesinados 1.227 líderes comunitarios, 1.495 militantes políticos y 74 defensores de Derechos Humanos.

Las desapariciones forzadas. Niños, los defensores y defensoras de derechos humanos, los líderes ambientales, los líderes de comunidades que reclaman la devolución de sus tierras han sido víctimas de las desapariciones forzadas.

Durante el gobierno del ex presidente Álvaro Uribe se practicaron un tipo de desapariciones forzadas que se catalogaron como “falsos positivos”, que consistía en asesinatos de civiles que se hacían pasar por bajas en el enfrentamiento entre el Ejército y las FARC. Según un informe, entre el 2002 y el 2010 estas desapariciones aumentaron un 150% respecto a años anteriores.

El desplazamiento forzado.  Según el Registro Único de Víctimas, en solo seis años, entre 1996 y 2002, la cifra llegó a 2.014.893 desplazados. Entre el 2000 y el 2003, el número anual de personas en situación de desplazamiento forzado superó las 300.000 personas. Entre el 2003 y el 2012, un total de desplazados llegó a 2.729.153. Entre 1985 y 2012, el Centro de Memoria Histórica ha contabilizado 5.712.506 desplazamientos.

A pesar del evidente dolor causado, hay todavía un recelo de la sociedad colombiana a las negociaciones de paz. Muchos no aceptan que los guerrilleros puedan formar parte de la política. Desde el ala más conservadora de la sociedad, consideran que militares y policías estén negociando con las FARC en Cuba es un desprecio a la Constitución, el honor y la vida de los soldados y policías. Críticas a las que se ha sumado el expresidente Álvaro Uribe.

Pero el presidente Juan Manuel Santos no considera que esto sea una humillación. Apunta que es dignificante que tanto las Fuerzas Militares como la Policía estén presentes “en el diseño del fin del conflicto” “Paz sin vencedores y sin  vencidos”.

Las recientes elecciones presidenciales fueron para los analistas un plebiscito a favor o en contra de las negociaciones de paz. En los comicios Santos salió ganador, una victoria que fue interpretada como un apoyo de una mayoría al proceso de paz.

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