#1Mayo: La historia detrás del Dia del Trabajador

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Mar Millán.- Todos los 1 de Mayo celebramos el Día de los trabajadores y trabajadoras (que ahora muchos se empeñan en llamar Día del Trabajo), pero pocas son las personas que conocen la historia detrás de este día: la de los mártires de Chicago y su lucha, a la cual debemos nuestra actual jornada de 8 horas. Una historia de la que se cumplen hoy 131 años pero que está de plena actualidad.

Tenemos que irnos hasta Estados Unidos y remontarnos a finales del siglo XIX. La antigua colonia inglesa había entrado de manera tardía en la Revolución Industrial, pero su reconversión se realizó de una forma meteórica, siendo su industria la que más creció en el mundo durante este periodo. Ayudaron para ello el bloqueo de productos británicos y la expropiación masiva de las tierras de los antiguos aborígenes por parte de los dueños de bancos, ferrocarriles y petroleras, quienes absorbieron la economía esclavista del sur y construyeron grandes imperios sobre el sudor y la sangre de millones de esclavos negros, que tras la abolición de la esclavitud en la Guerra de Secesión pasaban ahora a ser trabajadores brutalmente explotados. También ayudó la importación de millones de trabajadores asiáticos y europeos altamente especializados que cobraban salarios muy inferiores a la media y tenían jornadas de más de 12 horas.

La propietarios de las fábricas y medios de producción decidían ellos, sin ningún tipo de control, las condiciones laborales de sus trabajadores, teniendo como única limitación que la jornada laboral no fuera superior a las 18 horas, bajo pena de multa de 25 dólares. Así mismo, niños y mujeres formaban también parte del mercado laboral y cobraban salarios aún peores que el resto de trabajadores.

Estas condiciones de semiesclavitud hicieron que la hasta entonces privilegiada población colona blanca tuviera también que precarizar enormemente sus condiciones laborales para poder competir.

En 1885, después de una década en la que tensiones, paros y huelgas empezaban a florecer, una octavilla comenzó a rondar por las fábricas de EE.UU, una octavilla escrita por un obrero impresor, George Engel, que más tarde sería sentenciado a muerte. El panfleto decía lo siguiente:

“¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día no ordenado por los voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. Un día en que el trabajador hace sus propias leyes y tiene el poder de ejecutarlas. Todo sin el consentimiento ni aprobación de los que oprimen y gobiernan. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación.

Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”.

La American Federation of Labor escogió como inicio de la reivindicación el 1 de Mayo de 1886. El primer día de huelga 12.000 fábricas cerraron y en ciudades como Chicago, gran motor industrial del país, el paro fue total. Cientos de miles de trabajadores, negros y blancos, marcharon juntos por todo el país.

Pese a que algunas empresas contrataron “esquiroles” para desempeñar el trabajo de los huelguistas, muchos empresarios tuvieron que ceder a las presiones y aceptar la jornada de 8 horas. No obstante, más de 300.000 trabajadores – en aquel momento EE.UU. tenía una población de 40 millones – no lo consiguieron y en algunos casos fueron incluso despedidos.

El 2 de Mayo la huelga continuó por todo el país y en ciudades como Chicago se recrudeció. Las cargas policiales dejaron 6 muertos y cientos de heridos, lo que indignó a muchos trabajadores. Algunos que hasta aquel momento se habían mantenido ajenos a la huelga, se unieron a las movilizaciones.

El redactor Arbeiter Zeitung Fischer hizo al día siguiente un llamamiento a la lucha armada que le costaría a él también la horca:

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!…”

El 4 de Mayo se convocó una asamblea popular en la plaza Haymarket de Chicago, lugar amplio y con muchas vías de escape por miedo a posibles represalias. Finalmente no se realizó un llamamiento mitin armado, como pedían Fischer y otras voces, y simplemente se convocó al mayor número de asistentes a asistir a una jornada de mitines pacíficos.

A la convocatoria acudieron 3.000 asistentes y durante horas tuvieron lugar multitud de discursos e intervenciones con total normalidad. Con la llegada de la lluvia la gente comenzó a dispersarse y quedaron solamente un par de centenares escuchando al último de los oradores. En ese momento unos 200 policías se personaron en la plaza y ordenaron a los asistentes dispersarse, pese a tratarse de un mitín legal y pacífico. De repente, una bomba explotó entre las filas policiales, y los agentes transformaron el lugar en un campo de batalla, disparando de forma indiscriminada a todo aquel que se encontrara en la plaza. Aquel baño de sangre se saldó con un número indeterminado de muertos y cientos de heridos, de los cuales 7 fueron policías.

Grabado que muestra el momento de la explosión de las Revueltas de Haymarket. (Wikipedia)

Este incidente fue utilizado por los grandes poderes y la prensa mayoritaria para iniciar una caza de brujas contra los sindicalistas. Se cerraron periódicos y sindicatos y se prohibieron los mitines por todo el país. La prensa, controlada en su mayor parte por los grandes poderes, clamaba por la pena de muerte para los agitadores.

El 5 de Mayo nueve trabajadores fueron asesinados por la policía en un mitin sindical que se celebraba pese a la entrada en vigor de la ley marcial. Así mismo, se detuvo a 8 anarco-sindicalistas como máximos responsables de las protestas y se les acusó de complicidad de asesinato, aunque la mayoría no estaba presente en el mitin de Haymarket y uno de ellos era el orador que daba el discurso en el momento de la explosión.

El juicio fue completamente manipulado, con un jurado compuesto por empresarios y familiares de los policías muertos en las refriegas. Se compraron testimonios, se manipularon pruebas y se amenazó a los testigos. El fiscal les acusó por ser los líderes de la huelga y pidió un castigo ejemplar que salvara las instituciones, en aquel momento en entredicho. Cinco de ellos fueron condenados a muerte y tres a cadena perpetua. No obstante, su lucha no fue en vano, ya que la mayor parte de la patronal accedió a la jornada laboral de 8 horas y en 1938 se impuso este derecho en todo el país.

Los mártires de Chicago

El caso de los mártires de Chicago conmocionó a medio mundo y se celebraron mitines en todo el globo. En 1889 el Congreso Socialista de la Segunda Internacional marcó como obligatoria la jornada laboral de 8 horas para todos los trabajadores del mundo y se declaró el 1 de Mayo como el Dia del Trabajador, en honor a aquellos que lucharon por este derecho. No obstante, en EE.UU se descartó celebrar el 1 de Mayo como “Labor Day” para no rememorar los hechos de Chicago y reforzar así al movimiento socialista. En su lugar el 1 de Mayo se celebra el “Dia de La Lealtad y la Ley”, en el que se reafirma la lealtad hacia los Estados Unidos. El Día del Trabajo allí tiene lugar el primer lunes de Septiembre.

Más de un siglo después, la misma clase dominante empresarial deshace todo aquello por lo que estos sindicalistas y otras muchas personas lucharon. Sin necesidad de derramar una sola gota de sangre y con el consentimiento silencioso de una clase trabajadora que ha olvidado su propia historia.

Volvamos a recordar nuestra historia, porque “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” (Cicerón).

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