Qué fue del 15M seis años después

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Pablo L.- Durante este fin de semana varios actos promovidos por el 15M están teniendo lugar para homenajear los seis años de Movimiento 15M. Los actos comenzaron el pasado 7 de mayo y se prolongarán hasta el 27 de mayo.

Como todos los eventos del 15M hay un marcado carácter social y participativo. Tribunal de Justicia Ciudadano, ILP de la Plataforma de Afectadxs por la Hipoteca, Palestina o las reivindicaciones de las distintas mareas toman a lo largo de estas semanas el turno de palabra en las Plazas de los barrios de Madrid.

Muchas asambleas que todavía siguen operativas como la de la Elipa, Carabanchel, Sierra Norte o Barrio del Pilar y colectivos surgidos en La Plaza como la Solfónica, coinciden en reivindicar la necesidad del 15M porque “seis años después sigue sin haber pan para tanto chorizo”.

La marcha de Cibeles a Sol del pasado domingo 14 de mayo fue uno de los actos centrales del aniversario. La manifestación congregó a un millar de manifestantes que volvieron a corear consignas como “No es una crisis, es una estafa” o “De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste”.

Al comienzo de la reivindicación varios agentes de policía identificaron a algunas de las participantes porque, según los policías, no se había pedido permiso para la convocatoria. No obstante, en torno a las 18.30, la manifestación comienza a moverse desde Cibeles hasta la Puerta del Sol.

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¿Qué fue del 15M?

El 15M fue un punto de inflexión, un detonante, algo histórico que abrió la puerta a una transformación mucho más profunda de lo que pensamos. Se plantó, echó raíces y creció, creció mucho ramificándose más y más.

Ahora el 15M son todas y cada una de las Plataformas de Afectadxs por la Hipoteca, de las Redes de Solidaridad Popular, de las Asambleas de Barrio y de otras miles de iniciativas como Ateneos Populares y Centros Sociales creados al abrigo del árbol quincemayista.

El patrimonio político y social del 15M se basa en la construcción de mayorías desde la integración, respeto y voz de todas y cada una de las minorías. Este es el principio del consenso. Los cimientos del cambio se basan en esta palabra: consenso. Y, en ese consenso, caben todas. Esa es la fuerza del 15M. Y es que no hay nada más revolucionario que unir a todas las minorías oprimidas para sumar una gran mayoría basada en el consenso, lejos de las imposiciones de la política representativa tradicional.

Dentro de ese respeto a las minorías llegamos al individuo. Ese individuo al que el 15M le dio un megáfono, motivos para indignarse y fuerza para empoderarse. Fue el principio de otra forma de hacer política muy lejos de las charlas que las distintas formaciones políticas suelen dar entre cuatro paredes.

Durante estos seis años de 15M miles de personas se han convertido sin quererlo y con buena nota en excelentes cuadros políticos. Gente capaz de luchar, amar y tener empatía por sus compañeras y compañeros y que se ha politizado al calor de cada acción, de cada desahucio propio o ajeno, de cada colaboración con los centros sociales o colectivos como las RSP.

¿Y cómo se pueden abordar las instituciones para poder poner en práctica los consensos del 15M? Posiblemente Podemos y las Candidaturas de Unidad Popular no hayan sido una rama más sino un chupón de este particular árbol al que las “fuerzas del cambio” están políticamente obligadas a dar voz, pero no a representar.

Estas fuerzas del cambio durante estos últimos años se han olvidado de muchos de los principios básicos que dieron al 15M la simpatía de más de un 70% de la población española en el año 2011. La ausencia de líderes pese a la claridad del mensaje y el empoderamiento de la gente como individuo o la unión del mensaje de las minorías en torno al consenso son dos de estos principios básicos.

Y es que, mientras los chupones crecen a sabiendas de que tiene cota y de que sin el árbol mueren, sigue creciendo sin pretender ser una rama más.

A la pregunta ¿Qué fue del 15M? podríamos responder con “el 15M fue útil en su día, pero ya no existe, para eso tenemos a Podemos” o podríamos responder simple y llanamente con un “El 15M ha muerto”. Estoy convencido de que el Sistema estaría encantado de que dijéramos cualquiera de esas dos respuestas. Y es que sustituir el 15M con Podemos es cortarle las alas al 15M como movimiento de movimientos. Es frenar la presión que la calle ejerce para transformar las estructuras sociales, las organizaciones políticas y las instituciones.

El 15M no ha muerto. El 15M se ha mudado a nuestras conciencias para recordarnos que sí se puede, que tenemos voz, que tenemos compañeras y compañeros, que somos las y los oprimidos contra quienes han ostentado el poder toda la vida. Y eso son las ramas de este árbol quincemayista que se muere porque le dejen vivir en la historia para cambiar el mundo. Todas y todos en cada desahucio, en cada defensa del consenso por el procomún, a favor de la libertad y reivindicando una sociedad más social y más justa cimentada en el amor por la gente somos 15M. No nos fuimos de las plazas. Nos mudamos a las conciencias.

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