145 disparos con fines disuasorios

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No son zombies, son humanosEl Grapas.- 145 disparos con fines disuasorios. Fueron 145 los que la Guardia Civil efectuó, según ellos, para disuadir a las personas que aparecieron de madrugada en las aguas de la playa de El Tarajal para que no se acercaran a la orilla.

Parémonos a pensar un momento. Primero, ¿qué hacían esas personas allí? No creo que fueran jóvenes tras una noche de fiesta en la playa que decidieran darse un chapuzón para despejarse la cabeza, ni miembros de una edición de Supervivientes en medio de una prueba por una lata de comida, ni alumnos de una escuela de natación habituados a madrugar. Realmente nunca lo sabremos porque, entre los que murieron y los que fueron pateados fuera de la frontera, no tenemos ni sus identidades ni sus historias personales.

Segundo, ¿qué hacía la Guardia Civil allí? Tengo entendido que, entre sus cometidos, se encuentra el de la custodia y control de las fronteras españolas. Supongo que los efectivos tricorneados allí destinados sabían perfectamente cómo actuar ante cualquiera de las posibles amenazas y riesgos que conlleva una frontera, ya sea por aire, por tierra o por mar. Resulta que las fronteras que tiene el estado español con el estado marroquí son las que albergan el mayor número de efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ya que no pertenece al espacio de Schengen y no permiten la libre circulación de personas y bienes. Tercero, ¿qué pinta Marruecos en todo esto? Ese país es una de las metas de las miles de personas que, ahora mismo, recorren media geografía africana para buscar un futuro, para huir de la guerra y sus atrocidades, del hambre, para sobrevivir. Es un viaje largo, de varios años, en el que tienen que cruzar desiertos y montañas enfrentándose a cien peligros, consiguiendo comida y algo de dinero para continuar de cualquier forma, invirtiendo años de una vida que quizá se quede en el camino. Sin apenas medios, ni comida, ni ropa, ni calzado, llegan hasta esa meta y, ¿qué se encuentran?

Volvamos la vista atrás: Marruecos ha firmado un acuerdo con España para que intervenga para frenar la migración de personas hacia el territorio europeo, y es conocido por todos que el país africano no es garante de los derechos humanos, por lo que podemos imaginarnos los métodos empleados para ello (solo imaginar, ya que no hay datos ni informaciones). Esas personas consiguen eludir la represión del estado marroquí y llegan hasta la tan ansiada y luchada frontera española. Tienen que traspasarla sea como sea. Muchos han mutilado sus cuerpos por intentar treparla, otros tantos no contemplarán más amaneceres tras subirse a una ruinosa patera flotada por mafias a las que el gobierno marroquí no molesta, y los que no se rinden o mueren esperan su oportunidad. Esa noche consideraron que tenían una, así que, tras esquivar a la policía marroquí, se tiraron al agua con cualquier cosa que flotara para superar el espigón y llegar a El Tarajal, a España. Allí, como era de esperar, estaban los guardias sobreavisados por sus artilugios tecnológicos de última generación, con lanchas, chalecos antibalas, pistolas y escopetas y, además, material antidisturbios.

Estarán conmigo en descartar la posibilidad de que las personas en el agua fueran alumnos madrugadores de natación, y, suponiendo que por sus posibles procedencias no supieran siquiera mantenerse a flote, puedo experimentar la angustia de ese momento a oscuras en un medio hostil. Pero allí estaba la Guardia Civil a la que tantas veces hemos elogiado por rescates imposibles, tanto en el mar como en la montaña, tanto aquí como fuera de España cuando se la ha necesitado; pero esta vez no era esa su misión. Según nos han dicho se les ordenó delimitar la imaginaria línea fronteriza sobre las aguas mediante el disparo de pelotas de goma y botes de humo; pero ¿acaso creían que aquellos no lo sabían? Seguro que si allí hubiera habido alguien más, se lo habría dicho. Pero estaban solos; no estaba ni la Cruz Roja para atender a esas personas, ¿por qué?, esto tampoco lo sabremos. Lo que se le olvidó a la Guardia Civil es que estaban acompañados por la silenciosa mirada de las cámaras de vigilancia, que esa mirada sería la de todos los españoles y que ese silencio se convertiría en un grito furioso de exigencia de verdad y de justicia.

A nosotros no nos engañan. A esas personas no se les disuade ni con 300 disparos de evitar salvar su propia vida. A la Guardia Civil no se le ha encomendado recibir a tiros a cualquiera que no cumpla una ley que ni siquiera conoce. Así no se hace, ni vamos a permitir que se repita. Reclamamos la verdad de lo sucedido, la asunción de responsabilidades, el diseño y seguimiento de protocolos de actuación para los encargados de fronteras, y la recuperación y mantenimiento de políticas y proyectos de cooperación en y con los países de origen de los flujos migratorios.

Prácticamente a diario miramos hacia otro lado cada vez que miles de personas son agredidas sistemáticamente por Marruecos para evitar que se acerquen a la frontera española-europea con métodos inhumanos; dormimos tranquilos mientras se provoca la muerte de personas que intentan sobrevivir; hacemos descansar la conciencia y olvidamos las mentiras y engaños. Les propongo un ejercicio: con el puño cerrado golpeen moderadamente cualquier superficie provocando un efecto sonoro una vez tras otra hasta llegar a 145 veces. ¿Creen que son necesarios 145 disparos para disuadir a alguien? Para hacer desistir a una persona de un propósito solo hace falta una buena razón, pero como no tenemos, usamos disparos, y los disparos causan muertes. Pero esto no es nuevo, y nosotros tampoco.

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