1-O: Ni Gobierno, ni Generalitat, ha ganado la gente

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Tractores en Plaça Espanya

Tractores en Plaça Espanya. Pablo L.

Pablo L.- Hacía dos años que no visitaba Barcelona. Llegué el viernes 29 de septiembre a las 12.00. Lo primero que vi al subir del metro fue un convoy de tractores con esteladas bajando por la Gran Vía de Les Corts Catalanes. El ambiente era distinto. Las esteladas estaban más presentes que en mis anteriores visitas. Durante horas paseo por los barrios de Barcelona y numerosas personas exhiben símbolos catalanistas.

El mísmo 29 voy al cierre de campaña de los partidos independentistas en la Font Màgica de Avinguda Reina Maria Cristina. Decenas de miles de personas fueron al acto llenando toda la avenida. En el acto intervinieron Jordi Cuixat, de Òmnimun Cultural; Jordi Sánchez, por ANC; la diputada de la CUP Mireia Boya, el vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, de ERC y el presidente Carles Puigdemont (PDeCAT). Además actuaron varios periodistas,  grupos musicales y representantes de la sociedad civil catalana.

El ambiente era bonito, de euforia. Los independentistas hicieron constantes guiños afectivos y respeto al pueblo del resto de España con especial recuerdo “al Madrid del 15M, del ¡No pasarán!, del 36 a ese Madrid que también quiere y merece un cambio”. Durante todo el acto se criticó profundamente al Gobierno de España por negarse a dialogar y responder con represión judicial y policial algo que es un clamor popular.

En más de una ocasión se llamó a votar: si, no, en blanco, nulo… pero a votar. Pese a estar rodeado de independentistas el clima era profundamente democrático y pacífico.

Durante la jornada de reflexión del 30 de septiembre una marcha contraria al referéndum del 1 de Octubre recorre la Via Laietana. Centenares de personas portando banderas rojigualdas coreaban lemas como “Puigdemont a prisión”, “Yo soy español, español, español” o “esta es nuestra policía” en alusión a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Durante la marcha se silban balcones con esteladas y se insulta a las personas que portan por la calle alguna estelada.

A lo largo del fin de semana se desarrollan jornadas lúdico-festivas en varios colegios electorales. El más próximo en el que me encuentro es la Escola Collaso i Gill, de El Raval. Muchas personas participan en las actividades que cierra la noche del 30 con una sesión de cine para todos los públicos. Por la mañana tienen un desayuno popular a las 5 para evitar que la Policía Nacional y la Guardia Civil tome el colegio.

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Manifestante en La Rambla

Manifestante en La Rambla

El uno de octubre amanece lluvioso. En torno a las 8.30 ya hay mucha gente agolpada para votar en el centro. A eso de las 9.30 hay una cola para votar que daba tres vueltas al patio. Las urnas se abren y la

gente comienza a votar orgullosa de poder haber comenzado la jornada.

Pese a que en varios puntos el Estado impone el “cumplimiento de la Ley” la colaboración de toda la clase trabajadora impide, pese a las violentas cargas, que se frene la votación. En varios sitios trabajadoras del mundo agrícola aparcan tractores para blincar colegios. En otros sitios los Mossos d’Escuadra ven inviable seguir las órdenes de Interior y atacar la voluntad democrática. En muchos centros bomberos venidos de toda España defienden al pueblo catalán. El referéndum es imparable.

Ese mismo día un grupo de autodenominados “españoles radicales” se congrega en la Plaça Catalunya. Portan pancartas con el lema “Ser español un orgullo”, banderas rojigualdas con el símbolo de la españa monárquica, otras con el símbolo de la España fascista y otras con la Cruz de Borgoña además de banderas de la Unión Europea. Los manifestantes lanzan una estelada al suelo, a la cual escupieron y pisotearon mientras hacían el saludo fascista en numerosas ocasiones.

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La marcha de “españoles radicales” desciende por Via Laietana dirección Ronda Litoral. Durante el camino los manifestantes amenazan con peinetas e insultos a todas las personas que portaban identificativos catalanistas. Durante toda la marcha gritan vivas a la Guardia Civil y a la Policía Nacional mientras señalan a los independentistas como terroristas. La marcha fascista sigue por el Passeig de Colom hasta la estatua de Cristóbal Colón. Una vez allí lanzan un discurso lleno de amenazas a los catalanes que están a favor de que sea el pueblo catalán el que elija su futuro y llaman a la creación de ejércitos populares para “defender la unidad de España con sangre”.

Pienso: “Esto es de locos, se permite una manifestación que enaltece el terrorismo y se prohíbe una consulta popular”. Las dudas se me disipan mientras tres lecheras pasan por la parte de atrás mientras el grupo fascista les vitorea y varios policías bajan las ventanillas de sus unidades móviles para saludar. Los ultras se jactan de ser la primera vez en mucho tiempo que una manifestación de “españoles radicales de verdad” cruza Barcelona y llaman a seguir movilizándose contra lo que consideran “independentismo terrorista y traidores a España”.

Afición del FC Barcelona se queda sin ver a su equipo

Afición del FC Barcelona se queda sin ver a su equipo. Pablo L.

Esa misma tarde me dirijo al Camp Nou. El Barsa juega contra la UD Las Palmas a las 16.15. A eso de las cuatro de la tarde llego a Les Corts la gente se está empezando a dar la vuelta. La directiva del Barsa ha decidido disputar el encuentro a puerta cerrada porque no están seguros de poder garantizar la seguridad de los aficionados. A las afueras del estadio hay gritos de “vosotros fascistas sois los terroristas” y muchos aficionados con banderas esteladas.

Nuestro compañero Alberto Astudillo está en la Escola Jovellanos, en el barrio de Gràcia. Desde allí nos comenta que no hay cargas ni disturbios sino calma tensa y normalidad democrática.

La sensación que tenemos es de que el Gobierno de España quiere aleccionar políticamente con diversas duras cargas. No obstante la unión de las personas de los barrios transforma esta manifestación de voluntad popular en imparable.

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Al caer la tarde la gente comienza a congregarse en Plaça Catalunya. En muchos centros no han corrido la misma suerte que los que he visitado yo y hay en torno a 800 heridas por la actuación desproporcionada de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Gracias a la actuación de los Mossos d’Escuadra y los bomberos voluntarios, que protegieron a las y los votantes frente a los cuerpos de seguridad del Estado, no hubo más heridos.  

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En el resto de España muchas ciudades se solidarizan con el pueblo catalán. Entre ellas Madrid y Sevilla. Cuando llego a Madrid, en torno a las diez de la noche, varias madrileñas y madrileños apoyan la lucha del pueblo catalán. Llevan concentrados desde las 19.00 llenando Sol de nuevo. La Policía les amenaza e incluso les rodea. La actuación pacífica de las manifestadas en solidaridad con el pueblo catalán evita que se genere violencia pese a la intimidación de los antidisturbios. Madrid demuestra una vez más que para mucha de su gente Catalunya es un pueblo hermano. 

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Lo que he vivido este fin de semana en Catalunya no es solo un referéndum de autodeterminación. Posiblemente, y gracias al gobierno del Partido Popular, el proceso no tenía todas las garantías. Posiblemente se pudiera votar más de una vez gracias a los constantes sabotajes de la Policía y Guardia Civil al sistema digital y el robo de urnas y listas en los distintos centros. Pero la realidad es clara: una mayoría del pueblo catalán quería ser preguntada, salieron a la calle y, pese a la lluvia, resistieron pacíficamente la violencia tanto del Gobierno como de su prensa y sus fuerzas y cuerpos de seguridad. Y con estos hechos no hablamos de tan solo un referéndum, hablamos de un pueblo que lucha pacíficamente porque haya democracia, por participar en la cosa pública, por una república. No sé si habrá o no República de Catalunya pero a día de hoy sí existe un pueblo y una sociedad catalana ejemplar (sean o no independentistas) que luchan por muchas de las cosas que luchamos en el resto de España y, como en otras ocasiones, son vanguardia.

Mi sensación al volver a Madrid es triste. La fractura social de Catalunya con España conlleva inevitablemente una fractura en el resto de España: la democrática y la no democrática. La crispación aumenta entre quienes somos partícipes del diálogo y el derecho a que la gente tome voz  y los que solo creen en una bandera y una unidad nacional a golpe de sangre, censura y ataques judiciales. Gritaban “independentistas terroristas” pues bien, mi sensación es que el único terrorismo es el de un gobierno que no duda en utilizar la fuerza, censurar y eliminar la pluralidad de los medios públicos de comunicación y negarse al diálogo practicando una catalanofobia constante y peligrosa. Es incomprensible la agresividad de quien quiere mantener lo que llaman “unidad de España” a toda costa y caiga quien caiga frente a quienes mediante la resistencia pacífica y el diálogo intentan pedir una consulta democrática. 

Creo que no ha ganado ni el Gobierno, ni la Generalitat. Este 1 de octubre ha ganado la gente.

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